El penúltimo raulista vivo

Del gesto de Cristiano al rebote de Nuno

Conviene recordar ahora una de las frases más geniales pronunciadas por José Mourinho: "hay tres tipos de entrenadores: un grupo muy pequeño que nunca critica los errores de los árbitros; un grupo muy grande, en el que estoy yo, que sí los critica; y un nuevo grupo, en el que por el momento sólo está Pep, que critica el acierto de los árbitros". Se cumplen cuatro años de aquella frase y nada ha cambiado desde entonces: sigue habiendo poquísimos entrenadores que no critiquen los errores arbitrales que les perjudican, la mayoría de ellos sangra cuando les pinchan y Guardiola continúa siendo el único técnico del mundo capaz de ponerse delante de la prensa para arremeter contra una decisión arbitral correcta. Acabó siendo patético el intento de un sector mayoritario del periodismo deportivo español por intentar hacer creer a sus lectores, oyentes y telespectadores que el primer y último entrenador de fútbol que había hablado de los árbitros era José Mourinho.

Ayer uno de los Teixeira, que por ahí sigue danzando a pesar de todas las tropelías cometidas por esos campos de fútbol de España, impidió que el Valencia se llevase los tres puntos de San Mamés. Es posible que para Villar y para Arminio, que están ahí puestos por el Ayuntamiento. sea irrelevante, insignificante y poco interesante lo que se está jugando el equipo che en la Liga, que no es otra cosa que jugar ni más ni menos que la Champions la próxima temporada, pero puede que no estén en esa línea ni el magnate singapurense Peter Lim Eng Hock, que se juega su propio dinerito en esta empresa, ni tampoco la afición valencianista, que sufre con su equipo. El Valencia está hoy tres puntos por debajo del Atlético de Madrid y uno por encima del Sevilla cuando debería estar a uno del equipo rojiblanco y a tres del andaluz. Villar, Arminio y, por supuesto, los hermanos Teixeira siguen sin embargo con los mismos puntos desde el año 1988.

El cuento es el mismo de siempre. Hoy Valencia llora... pero ayer se mofó de las quejas de José Mourinho, a quien se ridiculizó. ¿Por qué?... Muy sencillo: porque el Valencia, como el resto de clubes de Primera División, incluido por supuesto el Barcelona, sí tienen derecho a alzar la voz cuando se sienten perjudicados, no así el Real Madrid que debe callar, que tiene que sufrir en silencio las almorranas federativas y demostrar fair play y caballerosidad. Hoy Nuno se pregunta en voz alta si es posible que alguien no quiera que el Valencia cumpla aquellos objetivos por los que está luchando desde que empezó el campeonato y habla de los cuatro puntos que les han quitado mientras que Amadeo Salvo exige al árbitro, a quien tacha de indigno, que pida perdón. A mí Nuno no me parece ridículo ni esperpéntico y creo que lucha por lo que es suyo; tampoco se me ocurriría pedir para él una sanción por decir la verdad. Pero estoy convencido de que quienes hoy lloran en Valencia reclamaron ayer sanción para Cristiano por su gesto de Vallecas. ¿Entonces?...

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