El penúltimo raulista vivo

Nunca es triste la verdad

No me extrañaría nada que, al paso que llevamos, la idea de intentar reunir en un mismo equipo a los mejores jugadores de fútbol del mundo, pongamos por caso Zidane, Ronaldo, Beckham y Figo, pasara por ser una mala idea y a ella se culpara interesadamente de todos y cada uno de los males del club, desde el espectáculo bochornoso que ofrecieron los candidatos que optaban a presidir el Madrid en las últimas elecciones, hasta la incapacidad de Ramón Calderón a la hora de cumplir su palabra y traer a Kaká o su falta total y absoluta de interés por la cantera. Ese término de galáctico que tanto daño dicen que hizo al Real (no sé yo cómo puede hacerle daño a nadie una simple palabra) no fue más que el invento, mediáticamente afortunado como lo fue también aquel otro de la Quinta del Buitre acuñado por el maestro Julio César Iglesias, de un periodista deportivo en una noche clara de primavera.
 
Verdaderamente, los galácticos de principios del siglo XXI eran los cracks de finales del siglo XX, sólo que a los primeros cabía añadirles un componente mediático del que quizá, por una serie de circunstancias, carecieran los segundos. Bernd Schuster, por ejemplo, era un galáctico tanto por su fútbol como por la presión mediática que arrastraba detrás suyo. No crean que resulta sencillo para mí, que admiré al Schuster jugador, observar cómo aquel mismo chico díscolo de 23 años que renunció a jugar un partido amistoso con la selección alemana debido al nacimiento de su primer hijo y que luego se las tuvo tiesas con José Luis Núñez y con Ramón Mendoza, se ha convertido ahora en el mamporrero de otro Ramón, en el caso que nos ocupa Calderón. Que nos venga ahora Schuster con el cuento bávaro de que hace tres años sí que había cantera, dejando entrever que él habría contado con Jurado, Soldado, Albiol o Negredo si los hubiera tenido a su disposición, es como para mondarse de la risa.

Míchel tuvo la dignididad de dar el paso que debió dar Schuster hace tiempo, y le dijo de paso a Calderón que podía meterse su dinero donde le cupiese. El problema que acaso tenga la gallardía de uno de los componentes destacados de esa Quinta del Buitre de la que el otro día se cumplieron 25 años de su nacimiento es que nos ofrece por contraste la actitud radicalmente opuesta, la de aquellos madridistas del "qué hay de lo mío" que están ahí única y exclusivamente para servirse del club y no al revés. Míchel ha puesto los puntos sobre las íes de un asunto que, por otro lado, era público y notorio: Calderón no pisa Valdebebas como no sea para ofrecerles a los jugadores una suculenta prima extra por ganar al Recre, mientras que Schuster sigue sin aprender qué quiere decir en castellano "cantera". Y así, para qué nos vamos a engañar, será difícil que surja otro Martín Vázquez. El diagnóstico del ex director de las divisiones inferiores, aireado a pocas horas de la Asamblea del domingo, ha sido tan exacto que, a cambio, Ramón Calderón le ha llamado "frustrado" y "depresivo". Nunca es triste la verdad, presidente, lo que no tiene es remedio.
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