El penúltimo raulista vivo

Numerao, numerao, viva la numeración...

Hace algunos meses Juan Mora firmaba en el diario As un panegírico titulado "Lissavetzky lo ha bordado" acerca de la gestión del químico inane al frente de la secretaría de lo que nos queda de Estado para lo que nos queda de Deporte; recuerdo que le contesté aquí mismo que sí, que lo había bordado... pero de Lagartera, en la provincia de Toledo. La visión de las cosas que tenía, e imagino que aún tiene, mi reputado colega del grupo Prisa, era por supuesto compartida al cien por cien por el propio químico, encargado no tanto de solucionar los problemas del deporte español como de colgarse todas las condecoraciones habidas y por haber, desde la Banda Azul pasando por la Cruz al Heroico Valor en Combate hasta la Orden del Aguila Azteca. No hay más que releer el discurso que Lissavetzky regaló a los presentes en la Conferencia Mundial Antidopaje celebrada en Madrid hace ahora ocho meses para darse cuenta de lo contento y feliz que estaba de haberse conocido el presidente del Consejo Superior de Deportes.

Entonces, la desastrosa Operación Puerto era para él un hito y España lideraba la lucha mundial, qué digo mundial, la lucha universal contra la utilización de las sustancias prohibidas en el deporte. Otra medalla para el pavo real. Pero los positivos por EPO detectados hasta la fecha en el Tour de Francia, ambos protagonizados desafortunadamente por ciclistas españoles, no parecen estar demasiado de acuerdo con la visión rosa que de la situación tienen Mora y Lissavetzky. Y de las declaraciones del presidente de la Unión Ciclista Internacional, Pat McQuaid, tampoco consigo deducir, y eso que le he dado vueltas y más vueltas al asunto, que él esté en la línea optimista manifestada por nuestro químico favorito. Dice McQuaid que "España es la última frontera contra el dopaje" y que "las instancias deportivas españolas no son demasiado eficaces ni han captado todavía el mensaje", para acabar rematando de la siguiente forma: "Hace dos años que se aprobó la nueva ley y no he visto que ningún deportista haya sido llevado ante la justicia".

Cuando ayer Angel Villar tomó la palabra (¡todos al suelo!) tras el sorteo del calendario de Liga de la próxima temporada y quiso dirigirse a Lissavetzky, el presidente de la federación española de fútbol se dio cuenta de que nuestro pavo real desplumado ya no estaba en su asiento. Algún maledicente va diciendo por ahí que lo más probable es que se fuera a seguir haciéndose fotos a un desfile de Dolce y Gabbana, pero lo que yo pienso es que se marchó a la francesa para ofrecerle asesoría legal a Moisés Dueñas, quien por cierto puede dar con sus huesos en la cárcel si se aplica con rigor la nueva ley antidopaje gala, y para preparar con tiempo suficiente una contundente respuesta al señor McQuaid. Seguro que contratan al mejor abogado del mundo y la respuesta nos deja a todos, empezando por el presidente de la UCI, sin habla porque han pasado veinticuatro horas desde que detuvieron a Moisés y habló McQuaid y no he oído nada de nada. Numerao, numerao, viva la numeración... Pavo real, hu, pavo real, hu...   
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