El penúltimo raulista vivo

Nuevo estadio, nueva sonrisa

La otra noche, José Antonio Abellán contó un chiste en El Tirachinas. "¿Qué come Ronaldinho?... Ronaldinho come de tó". El caso es que, lejos de cerrar una crisis que costó la Liga, el Barcelona, o sea la directiva del Barcelona, se limitó a mirar hacia otro lado y fichar nuevos jugadores para un proyecto que, aunque pueda parecer increíble, huele irremediablemente a viejo. A lo largo de algún momento de la pasada temporada, sin saber cómo ni por qué, o a lo mejor sí, a Ronaldinho se le escapó la sonrisa por alguno de los sumideros del Camp Nou. Se veía obligado a sofocar los múltiples incendios que provocaba ese pirómano llamado Samuel Eto'o, mientras su hermano aparecía y desaparecía, ora con una oferta del Milan, ora con otra del Chelsea. Ronaldinho dejó de ser feliz y el Barça dejó de ganar, así de simple y así de complicado al mismo tiempo. Frank Rijkaard fue incapaz de poner a cada uno en su sitio y se limitó a rodar aquella escena amañada de Love Story, un remake ampuloso y almibarado que nadie se creyó y que sonó a tomadura de pelo.

Del pique entre Ronaldinho y Eto'o salieron muy perjudicados el club y, por ende, los propios jugadores, y de él se ha beneficiado, entre todas las comillas del mundo, una nueva generación de extraordinarios futbolistas que encabeza el insigne Leo Messi y que secundan con indudable acierto Bojan Krkic (léase Kirkich, dicho por el propio chaval) y Giovanni dos Santos. Todos nos pasamos gran parte de la pasada temporada, y más aún cuando silbaron las balas en el O.K. Corral culé, haciendo las maletas de Eto'o, primero, y de Ronaldinho, después; hubo un momento, incluso, en que llegamos a hacerles las maletas a los dos. Joan Laporta, más preocupado de su actividad política encubierta que de otra cosa, decidió que siguieran todos, incluido el entrenador que había sido incapaz de poner orden. Era inevitable que la cosa empezara de nuevo torcida.

El partidazo que Messi protagonizó ayer contra el Sevilla no quiere decir nada. O al menos, nada nuevo. Ya en la temporada pasada quedó suficientemente acreditado que el argentino es el nuevo líder de ese equipo, el Norman Foster del vestuario. Es a él a quien tienen que mimar ahora mismo. Thierry Henry es demasiado mayor, Ronaldinho está demasiado cansado y Samuel Eto'o está demasiado descentrado. Cuanto antes se produzca la transición, mucho mejor para todos. Si entretanto el equipo gana algo, miel sobre hojuelas. Nuevo estadio, el de sir Norman Foster, y nueva sonrisa, la de Leo Messi. Ese es el futuro del Fútbol Club Barcelona.

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