El penúltimo raulista vivo

Nuestro Busi

Esta vez no puedo estar de acuerdo con Iker Casillas: ¿Tirón de orejas a Busi a santo de qué?... Servidor, como Del Bosque, tampoco puede entrar en las intenciones del jugador del Fútbol Club Barcelona al pisarle la cabeza a Pepe con los tacos de la bota. ¿Quién no me dice a mí que el bueno de Busi no pretendía sino darle al portugués del Real Madrid un ligero masaje craneal? ¿O sujetarle tan sólo durante un instante ante la posibilidad de que se levantara de repente y pudiera darle un mareo?... Llámenme loco o iluso pero yo veo en la acción de Busi un efecto terapéutico made in La Masía, un objetivo sanador, una forma como cualquier otra de entablar amistad con el adversario deportivo. En vez del tradicional intercambio de banderines, pisotón en la cabeza. Por lo demás, que levante la mano quien no le haya pisado alguna vez la cabeza a un futbolista del equipo contrario.

La duda ofende. Busquets ya nos ha dejado un amplio ramillete de acciones caritativas sobre el campo. Como aquella ocasión en que le dijo a Marcelo que le iba a comprar un mono, un gracioso tití tamarino de Goldi, para que le hiciera compañía en los largos y solitarios días de invierno. Ya se sabe que el aire de Madrid es tan malo que mata a la vieja y no apaga un candil. O aquel día en el que, después de sufrir una salvaje entrada y herido sobre el cesped, tuvo aún tiempo suficiente para pensar en el otro y mirar con generosidad por el rabillo del ojo para comprobar si su agresor se encontraba bien pese a todo. O la vez en la que, fiel a su simpatía tradicional, bromeó afablemente con los jugadores de la Real Sociedad, que le siguieron felices la broma. Busi es conocido en el mundillo del fútbol por su sentido del humor campechano, y todos le quieren y le aprecian y distinguen en él ese seny del que hacen gala en el club culé.

Por eso no entiendo lo del tirón de orejas. Un premio al fair play sí, un canto a la elegancia vale, pero... ¿un tirón de orejas?... Sólo alguien con muy mala baba y muchas ganas de enturbiar las idílicas relaciones que se viven en la selección española de fútbol podría deducir que, pisándole la cabeza, Busquets quiso pisarle la cabeza a Pepe, que es un criminal y un sinvergüenza. Conviene recordar aquí y ahora las palabras de nuestro Busi cuando, harto de que le dijeran una y otra vez que había querido hacerle daño al portugués del Madrid, tuvo que recordarnos a todos muy sensatamente que si él hubiera querido a Pepe le habría quedado en la cara una huella del número 45, ¿vale?... A Del Bosque le gustó mucho la respuesta del Tata Martino. Y he de reconocer que a mí cada día que pasa también me convence más: "He visto la jugada entre 750 y 800 veces, pero prefiero no opinar. Tengo opinión pero prefiero no opinar".

Pues yo sí quiero opinar: Busi, nuestro Busi, lejos de merecer la reprobación que sólo puede tener como perverso objetivo el mal rollo en el equipo nacional se merece en el fondo un buen homenaje por parte de todos nosotros. Un homenaje y un abrazo. O un abrazo y un homenaje, que el orden de los factores no altera el producto. Si yo fuera Vilarrubí propondría en la próxima junta directiva presidida por Bartomeu que le levantaran una estatua en el Camp Nou. Y si fuera Villar lo mismo. Una estatua y un himno. O mejor que un himno una oda, la oda a nuestro Busi. Una acción tan elegante, fina y desinteresada como la suya no puede pasar sin pena ni gloria. Y al guarro de Pepe que le sancionen de una vez por todas como es debido por poner la cocorota debajo de la bota de un campeón mundial, un ejemplo a seguir, un modelo a imitar, el jugador que habría querido ser nuestro seleccionador nacional Del Bosque, que ha visto la jugada entre 750 y 800 veces y, aunque tiene su opinión, prefiere reservársela como hace correctamente su amigo Martino. Todos somos Busi. Y a Pepe que le den. Para Busi oda y para Pepe extradición. Busi, nuestro Busi.

A continuación