El penúltimo raulista vivo

No vaya a la final de Copa, Majestad, no vaya

El otro día decía que en este asunto de la final de Copa, el golpismo secesionista y la inaudita postura que la directiva del Barça ha adoptado con respecto al partido del sábado, al que pretende utilizar como altavoz de sus ideas, la inmensa mayoría del periodismo deportivo español se había puesto de lado. Pero no, es aún peor que eso. Al menos dos de los cuatro programas deportivos nocturnos han justificado la bochornosa rueda de prensa del miércoles de Bartomeu, dando a entender que el club catalán no podía hacer otra cosa. Pero eso es mentira, y ahí está, sin ir más lejos, el Espanyol. El Barça podía haberse alineado del lado de la legalidad constitucional, podía haberse posicionado con el Estado de derecho, podía simplemente haberse callado o podía haber dicho eso que suelen decir siempre los políticos sobre que ellos respetan las decisiones judiciales, pero no: entre España y los golpistas, el Barça de Bartomeu eligió a estos últimos.

Y, como decía, ya sea por sincera creencia o ya sea porque el Barça los tiene agarrados de las gónadas, al menos dos de los cuatro programa deportivos nocturnos, los que hablaron con Josep Vives, no hicieron otra cosa que ofrecer coartadas a la junta directiva de un club de fútbol que está diciendo que pretende aprovechar el altavoz de la final de la Copa del Rey para que se sepa en todo el mundo que nuestra democracia es de pandereta y que aquí las libertades individuales brillan por su ausencia. Y yo digo que no. Digo que España no es un país en el que no se respete la libertad de expresión. Digo que en España no hay presos políticos sino políticos que se han saltado las leyes. Y digo también que la directiva de Bartomeu, la protagonista de la primera condena judicial de un club con bastantes más de 100 años de historia, no puede decir que sus aficionados quieren tal o cual cosa porque no todos los socios o seguidores culés son independentistas, no todos quieren insultarnos a los españoles, no todos pretenden ir el sábado al Metropolitano a pitar el himno nacional e insultar al Rey.

Puede que ahora se comprenda mejor por qué el Real Madrid no cedió su campo para esta final. No lo cedió porque sabía perfectamente que esto iba a suceder. Es tan fácil comprender por qué el Real Madrid no cedió su campo como incomprensible que el Atleti prestara el Metropolitano. Si los actuales propietarios del Atlético de Madrid piensan que es una buena idea vincular su nuevo y precioso estadio con un akelarre independentista, adelante. Pero es triste. A diferencia de otras finales, el sábado saltará al terreno de juego el Sevilla, que por una noche será nuestro Sevilla, el equipo de los que queremos a España. Y en las gradas habrá miles de sevillistas animando a sus jugadores y, espero y también deseo, apagando con sus cánticos los insultos de los culés. Tal y como yo lo entiendo, la rueda de prensa de Bartomeu es una declaración de guerra, de forma que no puedo ver la final del sábado como una final de la Copa del Rey sino como una final entre un equipo que defiende a España y otro que no lo hace.

¿Y el palco, qué? ¿Otra vez campeón de Europa? ¿Otra vez tieso y callado? Si preguntas, una a una, a todas las figuras de cera que asistirán el sábado al palco del Metropolitano te dirán en privado que a ellos lo que les pide el cuerpo es no ir y, si pitan el himno o insultan al Rey, levantarse y marcharse... pero que no pueden hacerlo por respeto a Felipe VI. De modo que, Majestad, si me permite usted el consejo: no vaya. Me parece recordar que se lo pedí el año pasado y puede que el anterior. Una intervención suya en la televisión, sólo una, nos reconfortó a todos ante la desidia institucional. Tuvo usted, Señor, que remangarse, y no dudó en hacerlo por España, y por eso le estaremos eternamente agradecidos. Es usted un hombre joven, Majestad; tiene sólo 50 años, pero ya ha demostrado más coraje en pocos años de reinado que muchos monarcas en 50 años, sí, pero de reinado.

No vaya, Majestad, no vaya. Y si va usted y le insultan o insultan a España, suspenda el partido. No es cierto que no pueda hacerse, usted puede. Quizás no con una ley sino con un movimiento: levantándose y yéndose. ¿Quién se quedaría en ese palco, Señor, si el Rey de España se fuera de la final de Copa? ¿Y cómo podría continuar la final de Copa del Rey sin su Rey y con un palco vacío? Ganaríamos por goleada ese partido, Majestad. Por goleada. No vaya. Y, si va, no consienta que le insulten. Tenga el coraje que no van a tener jamás nuestros políticos. Por último: ayer oí al ex primer ministro francés Manuel Valls hablando de este asunto. Valls es un buen amigo de España y seguidor del Barça y, en un momento determinado, se preguntaba lo siguiente: "¿Qué sería del Barça sin España?". Y luego añadía: "¿Y qué sería de España sin el Barça?" El Barça no sería nada sin España, don Manuel, nada. Sería un cero a la izquierda. Menos que eso, no existiría ni podría tampoco competir. España seguría siendo sin el Barça lo que es hoy, una gran nación, una nación moderna, democrática y en la que se respetan los derechos individuales, y no como aseguran desde el Barça.

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