El penúltimo raulista vivo

No hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada

Yo no digo que exista confabulación arbitral a favor del Barcelona o que los colegiados reciban instrucciones al respecto por parte de Victoriano Sánchez Arminio. Y si no lo digo es más que nada porque carezco de pruebas. Sí es comprobable la animadversión del presidente del Comité Técnico de Árbitros hacia el Real Madrid y es un hecho histórico irrefutable que Florentino Pérez apostó en su día por Gerardo González como futuro presidente de la federación en vez de hacerlo por Angel María Villar, que es quien finalmente salió elegido. Yo no digo, por lo tanto, que los árbitros salgan al campo con la determinación de beneficiar o perjudicar a alguien, eso se lo dejo a los Montal, Núñez, Gaspart y compañía. Prefiero analizar partido a partido, jugada a jugada, y luego hablar de "tendencias". Y las de ahora están claras.

A Muñiz, que ayer dejó injustificadamente al Granada con 9 jugadores sobre el terreno de juego y que perjudicó notabilísimamente a Geijo en una clarísima ocasión de gol, le diría lo que la copla: "Dale limosna mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada". Él sabrá por qué trató a Fabri como a un apestado; la verdad es que también me gustaría saberlo a mí de primera mano, pero lo cierto y verdad es que los árbitros profesionales españoles no hablan de sus decisiones técnicas... hasta que se retiran, les contrata una tele o una radio y entonces se dedican a galopar libremente por esas verdes praderas mediáticas poniendo literalmente a parir a quienes habían sido compañeros suyos hasta una hora antes. Cuando Iturralde y Muñiz lo dejen ya no me interesará un comino saber si el primero vio penalti en la acción sobre Iniesta y el segundo fuera de juego en la de Geijo. Me interesa hoy, ahora, en este preciso instante.

El fin de fiesta lo pone hoy Pérez Lasa. Sí, sí, el mismo Pérez y el mismo Lasa que la pasada temporada dejó de pitarle tres penaltis claros al Real Madrid en Almería. El colegiado se reencuentra con Mourinho que, a la conclusión de aquel partido, deseó en voz alta que Arminio no volviera a castigarle más. Sabemos por Iturralde que los árbitros no hablan de sus decisiones y por Muñiz que tampoco pueden saludar a entrenadores o presidentes (el del Granada también trató en vano de dirigirse a él), pero Lasa sí que descendió en aquella ocasión del monte Olimpo para mandar al carajo al entrenador portugués. ¿Qué puede ocurrir hoy?... Lasa, como Iturralde y Muñiz, es una moneda al aire. Pero, ¿alguien puede decirme con el corazón en la mano que arbitrará sin tener ni un instante en cuenta su combate con Mourinho?

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