El penúltimo raulista vivo

No está el horno para paradinhas

Dicen que la International Board, que no debe ser de este mundo, quiere prohibir las paradinhas; lo que no sé es si, siguiendo la estela de Ramsés que hizo borrar el nombre de Moisés de todos los edificios de Egipto, también ordenará eliminar el de Antonín Panenka de los libros de historia del fútbol. Neymar ha alcanzado tal grado de perfeccionamiento en la ejecución de la suerte inventada por el maestro checo, que cuando su bota impacta con el balón resulta que el portero ya está criando malvas deportivas en el suelo. ¿No tienen otros problemas que solucionar en la IB que dedicarse a tratar de reventar el espectáculo?... Por ejemplo, la famosa unificación de criterios, que aquí, en España, está especialmente desunificada: cada árbitro es un mundo y depende de cómo salga de su casa para que el partido vaya bien o acabe como el rosario de la Aurora; un club en concreto ha aconsejado a su máxima estrella que no les mire a los ojos. ¡No está el horno para paradinhas!

Aunque, ya puestos, la IB podría legislar en otra dirección. Creo recordar que fue el maestro Wenceslao Fernández Flórez, que también tuvo que ejercer en su día la crítica futbolística, quien dijo que los partidos ganarían mucho sin público en las gradas. Y a veces me dan ganas de estar de acuerdo con él. ¿Cómo proteger definitivamente el espectáculo del fútbol?... Muy sencillo: blindando a aquellos que han contribuido a hacerlo tan grande. ¿Y quiénes son esos?... Muy fácil: algunos jugadores, los elegidos, los mejores. Si FIFA, UEFA y el resto de organismos que pululan por el fútbol fueran realmente valientes y originales, y quisieran convertir los estadios en escuelas de comportamiento cívico, tendrían que empezar por castigar a aquellos seguidores que ofendieran, faltaran al respeto de alguna forma, insultaran o incomodaran a aquellos futbolistas que, por su historial, se han ganado un estatus dentro y fuera del campo. Porque es mentira que el cliente siempre tenga razón.

Pensé en esto cuando vi cómo se las gastaban con Thierry Henry en Saint-Denis el otro día. He pensado muchas veces en esto cuando he comprobado la actitud barriobajera que algunos aficionados han tenido hacia Raúl. Parece que no es suficiente haber conseguido para Francia casi tantos goles como Fontaine y Papin juntos. El otro día España fue infinitamente superior a Francia, pero curiosamente la gente que acudió al campo no la tomó con el resto de jugadores o con un tío que asegura que hace sus convocatorias con el horóscopo en la mano sino con el único emblema que, a día de hoy, le queda todavía al equipo francés. Henry, eso es cierto, está al final de su carrera deportiva, pero uno tiene la impresión de que se ha ganado sobradamente que no le falten al respeto o le humillen sobre un terreno de juego. ¿Quieren velar por el espectáculo?... Multen al maleducado.
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