El penúltimo raulista vivo

No éramos Torrente, éramos Brad Pitt

Cabrá aplicarle a esta nueva selección española de fútbol el título de aquella película del italiano Federico Fellini que se llamaba Y la nave va. España va... hacia el Mundial de Sudáfrica con paso firme y decidido, arrastrada por una ola de energía positiva; tan firme y decidido es el paso que, acostumbrado a nuestros habituales traspiés, preso aún del mal fario del que hemos sido víctimas durante tantos años, tiendo a mirar a los lados para ver si al final todo se trata únicamente de una broma y participamos sin saberlo en un show de televisión: "¡Y aquí están: 44 millones de españoles a los que hicimos creer que su selección era campeona de Europa y que jugaba al fútbol como Brasil. Lo que no sabían es que era todo mentira y la Eurocopa la ganó Alemania, como Dios manda, y que ellos siguen jugando a las tabas como quiere Clemente. Viva la furia española. Viva el 5-4-1!"...

Si el seleccionador no lo estropea, y al menos ayer lo arregló con ambición y reflejos sustituyendo a Iniesta por Güiza cuando todo el mundo daba por bueno el empate, este equipo nos dará muchas más alegrías en el futuro. El Rembrandt que Iniesta firmó sobre la marcha para lograr el primero de España es fruto justamente de ese milagroso cambio de tendencia. Porque, salvo que todo sea un invento y forme parte de uno de esos programas con cámara oculta a los que antes hacía referencia, el caso es que la selección no sólo gana los partidos sino que juega insultantemente bien al fútbol, al más puro estilo brasileño. Tan sobrado está el equipo que de la necesidad hace virtud: la sustitución de Torres, que en cualquier otra circunstancia habría sido traumática, fue tan bien suplida por Cesc, que hizo un partidazo, que nadie notó su ausencia. Es más, y aunque pueda sonar a herejía, España jugó mejor sin Torres que con él, y no porque el futbolista del Liverpool no sea un crack, que lo es, sino porque a este equipo le va eso de jugar con cinco en el centro del campo.

Relajémonos, pues, y disfrutemos del espectáculo. Una noche nos fuimos a la cama tristes, ojerosos, con el pelo revuelto y la barba de cuatro días, y a la mañana siguiente salió el sol del buen fútbol y resultó que no éramos el zafio Torrente sino el elegante Brad Pitt. No hay peligro de que Del Bosque toque lo que funciona. No tengo ahora mismo aquí las estadísticas pero seguro que su arranque con España ha sido el mejor desde los años 20. Vicente sabrá administrar con precaución el enorme talento que tiene a su disposición y no se meterá en demasiados jaleos, aunque el cargo sea capaz de electrificar incluso a los más sensatos. Los Iniesta, Cesc, Xavi, Villa o Casillas tendrían que llevar en la camiseta una publicidad que dijera lo siguiente: "Se mira pero no se toca". No toquen nada, por favor, porque España va hacia el Mundial con paso firme.
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