El penúltimo raulista vivo

No diga Neymar, diga Nicolau

A mí, y ya lo he dicho varias veces, del trío Kaká-Cristiano-Benzema el que más ilusión personal me hizo fue el primero. La verdad es que no contemplaba en absoluto la posibilidad de que Kaká, que era una estrella consagrada y que, a diferencia de otros futbolistas brasileiros, había crecido hasta límites insospechados en Europa, no triunfara en el Real Madrid, rodeado de otros jugadorazos como él. Han pasado cuatro años desde el fichaje del ex del Milan y, pese a que el chico de la eterna sonrisa se encuentra al parecer motivadísimo ante la inminente llegada de Ancelotti, no creo que extrañe a nadie si ahora digo que su paso por aquí ha sido un fracaso total. Si alguien me hubiera dicho en 2009 que en 2013 andaría escribiendo estas cosas sobre Kaká le habría dicho que estaba loco, pero ya ven. Otro que iba a ser el nuevo Pelé era Robinho...

Pregúntenme en 2018 si Neymar ha sido o no una buena adquisición. Lo que sí puedo afirmar en este preciso instante es que el brasileño es probablemente el fichaje más mediático que cualquier club de fútbol del mundo podía realizar ahora mismo, pero de todos es conocido que a los culés jamás se les ocurriría contratar a alguien en aras de algo tan mundano como el marketing o de algo tan pueril como arrebatárselo al Real Madrid, ¿a que no?... El que sí se ha ganado el derecho a dar su opinión desde un punto de vista estrictamente futbolístico es Johan Cruyff, que según parece ha sido alguien a lo largo de la historia del club catalán. El ex jugador, ex entrenador y ex presidente de honor del Barcelona dijo hace algunos días que sería un lamentable error meter a dos jefes en el mismo barco, que es justamente lo que han decidido hacer ahora Sandro Rosell y Andoni Zubizarreta, que seguro que saben mucho más de fútbol que Cruyff, con el fichaje de Neymar.

Otro aspecto a tener en cuenta es el puramente crematístico, o sea la pasta, el money. Entre pitos y flautas, y sueldo por supuesto al margen, Neymar le va a costar al Barcelona cerca de los 70 millones de euros. Que conste en acta que a mí hablar de dinero, como hacerlo de los árbitros, me parece algo absurdo... siempre y cuando no lo hagan los demás, pero ya que determinados sectores de la sociedad catalana aparecieron en teles, radios y prensa escrita ciertamente alarmados y moralmente abochornados al conocer la noticia de que Florentino Pérez había pagado por Cristiano la friolera de 96 millones de euros en un momento económico y social tan complicado para nuestro país como el de aquellos días sí me encuentro ahora en la necesidad de recordar aquí que España cerrró el año 2009, que fue el del fichaje de Cristiano, con una tasa de paro del 18,8% y los derechos sociales garantizados y a buen resguardo mientras que en mayo de 2013, que es cuando el Barça ha cerrado a Neymar, vamos por el 27,16%, y no hay más que recortes por todos lados. Espero que quienes arremetieron contra aquel "dispendio monumental" en una situación económica bastante mejor que la actual vuelvan a hacerlo ahora con éste, que tampoco es manco. No es malo sino más bien al contrario tener un referente moral claro al que poder aferrarse en estos tiempos de descontrol. Pongo el cronómetro en marcha para ver cuánto tardan en salir a la palestra...

Conviene recordar que el primero en interesarse por Neymar fue el Real Madrid, allá por junio de 2011. Y les juro que entendí perfectamente los motivos que tuvo el periobarcelonismo para salir en tropel a la calle a criticar la "filosofía"· merengue, radicalmente opuesta a la azulgrana. Comprendí que José María Casanovas dijera aquello de "lo que no queremos bajo ningún concepto es que Neymar acabe jugando en el Camp Nou" o aquello otro de que Neymar era "un jugador poco recomendable", "una bomba de relojería" o que tenía una vida personal "complicada y perversa"; entendí que Luis Mascaró le llamara "mohicano" y añadiera que reunía "todos los requisitos para fichar por el Madrid: imagen estrafalaria, carácter prepotente, comportamiento macarra y actitud egoísta"; asimilé que Joan María Batlle rematara así: "Es más efectista que efectivo: bicicletas, caños, taconcitos... ya saben, tipo Robinho".

Comprendí, entendí y asimilé que Casanovas, Mascaró y Batlle, el trío de la bencina del diario Sport, dijeran que Neymar era una bomba de relojería con una vida personal perversa, un mohicano prepotente y macarra que sólo sabía hacer caños y bicicletas, un niño mimado que hacía lo que quería, una mala persona que había dejado embarazada a una cría de 17 años con un historial disciplinario como para echarse a temblar, la antítesis de los valores que representa el Barça o el fichaje tipo del Madrid porque pensé que ellos creían realmente en lo que decían, en el rollo ése de la filosofía y del método, de los valores y la cantera, del seny y demás zarandajas. Mentían, por supuesto, y ya verán ustedes cómo se obra sin ningún tipo de rubor el milagro y cómo la diabólica contratación del mefistofélico Neymar se convierte por arte de birlibirloque en el golpe maestro y audaz de un genio de la estrategia (Rosell) que acaba de robarle al capitalista Pérez en sus mismísimas narices al mejor futbolista del planeta, un buen chico del barrio de Gràcia, un chaval que soñaba con poder jugar algún día en el Camp Nou y emular a Kubala, un hombre honrado y familiar, votante de Convergència y que no da un paso por dinero. En definitiva: No diga Neymar, diga Nicolau.

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