El penúltimo raulista vivo

Ni es San Zidane, ni tampoco Beelzebub

Punto uno: Materazzi insulta a Zidane. Punto dos: fruto de ese insulto, Zidane le pega un cabezazo a Materazzi. Punto tres: Medina Cantalejo, que lo ve todo desde la banda, avisa, como por otro lado es su obligación, al árbitro principal, y éste, como no podía ser de otra forma, le muestra la cartulina roja directa. Punto final. Aquí se acabó la historia. Según una encuesta de Le Parisien existe un 27 por ciento de franceses que no están dispuesto a perdonarle a Zizou su agresión a Materazzi. Y si hay un 27% de franceses que le niega el pan y la sal al hombre que ganó para ellos un Mundial, ¿a santo de qué deberíamos ser los españoles una excepción?... A la hoguera con Zidane.
 
Sólo quiero repetirles a todos aquellos que me quieran leer u oír que no cuenten conmigo a la hora de encender la pira. Tendré el teléfono móvil apagado o fuera de cobertura cuando eso suceda. O me habré quedado sin cerillas. O simplemente estaré de vacaciones. Por si no hubiera quedado suficientemente claro con anterioridad, servidor no tiene la menor intención de olvidar lo que ha hecho Zinedine Zidane por el fútbol. Y tengo la extraña sensación de que, aquellos que insisten tozudamente en colocar el cabezazo del domingo por la noche al mismo nivel que su fútbol prodigioso, lo único que no le perdonan al francés es que vistiera durante cinco años la camiseta del Real Madrid.
 
No eligieron a Zidane el futbolista más limpio del Mundial, no. Ese premio, el de los más limpios, nos lo dieron a nosotros. Pero la selección española, desafortunadamente para todos, se vino de Alemania limpita, aseadita, con las manos lavaditas y a las primeras de cambio. A Zidane le eligieron mejor futbolista de Alemania 2006, y sólo un ciego negaría que mereció con creces ese premio. Ahora podrían darle también el Príncipe de Asturias de los Deportes. El jugador que la FIFA eligió como el mejor del mundo en tres ocasiones, el futbolista a quien concedieron el Balón de Oro en 1998 y que en 2004 fue proclamado mejor jugador europeo de los últimos cincuenta años, no será un santo, no, pero tampoco es Beelzebub. Su agresión fue muy fea, feísima, pero nadie con dos dedos de frente podría atreverse a resumir una carrera deportiva tan excepcional como la de Zinedine Zidane en un gesto tan lamentable como el del otro día. No se lo merece él. Ni se lo merece tampoco el fútbol.
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