El penúltimo raulista vivo

Necesitarán un barco más grande

Ha muerto Roy Scheider, el inolvidable jefe de policía Brody de Tiburón, una película sin tiburones. En 2005, una frase suya fue elegida por el Instituto Americano del Cine entre las mejores líneas de toda la historia del celuloide estadounidense; fue aquella en la que, justo después de tentar con cubos y cubos de carnaza al enorme escualo blanco y contemplarle por primera vez, Scheider, o sea Brody, retrocedió lentamente con el rostro desencajado y la boca abierta y, sin mirar al capitán Quint, interpretado por el inolvidable Robert Shaw, dijo aquello tan famoso de "necesitaremos un barco más grande". Para remontar los ocho puntos de distancia que vuelven a separarle del Real Madrid, Frank Rijkaard, como le sucedió a Brody, va a necesitar un barco mucho más grande, justo el tipo de barco que no tiene.

Rebasada con creces la primera vuelta, la Liga está en alta mar y el Madrid se dedica a hacer la goma con el Barça. De 9 puntos de distancia pasó a 6 y ahora otra vez a 8. Los blancos tienen un colchón demasiado cómodo y en su estadio se muestran desagradablemente intratables. Hay algunas ocasiones en las que el Real parece mantener vivo el partido adrede y luego, en un rápido flash, lo mata. Ayer, por ejemplo, se adelantó muy pronto en el marcador y luego consintió el coqueteo pucelano, dejó que el equipo de Mendilibar jugara al fútbol y, replegado atrás, esperó la ocasión para dar la dentellada definitiva. Siempre llega la dentellada. En esta ocasión le tocó a Raúl, pero podría haber sido cualquier otro. Antes decía que el Madrid se muestra desagradablemente intratable: me refiero al hecho de que, como en Tiburón, el cazador se convierte sin darse cuenta en cazado y, de repente, aquello se ha transformado en una orgía de goles. Para jugarle como lo hizo, al Valladolid también le habría hecho falta un barco más grande, uno enorme.

Por si todo lo anteriormente expuesto no fuera por sí sólo suficiente, al Barcelona, que tiene un barco demasiado pequeño, le falta decisión. Aunque es normal que titubee, yo también me lo pensaría dos veces. Sin Van Nistelrooy, máximo goleador madridista, el Real marcó siete goles y aún pudo caer alguno más. Raúl, como sucediera en la estación del AVE de Málaga según Luis Aragonés, volvió a manipular a la afición que acabó coreando su nombre. Y, en plena reivindicación, Guti, que jamás ha tenido la más mínima posibilidad de jugar con España, ofreció un recital de pases y de goles. Es cierto que, para entonces, el Valladolid andaba groggy, con la mirada vidriosa y la baba caída, perdido sobre el campo. Definitivamente, al Barça le hará falta un barco más grande. A Luciano Spalletti, testigo silencioso de la paliza, ya le han visto encargando uno a toda prisa a los Astilleros Romano Marine, aunque, por mucha prisa que se den, ya no dará tiempo a construir una réplica del Queen Mary 2.
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