El penúltimo raulista vivo

Nanín, Nanán

Todo esto de la crisis del Real Madrid y el escándalo de los compromisarios de cartón piedra ha pillado al director de El Larguero desprevenido y hablando del turismo (literal) en las islas con su amiguete Mateo Alemany. Eran las doce y veintitantos minutos de la madrugada del viernes cuando José Ramón de la Morena quiso esquivar su propio ridículo profesional diciendo que Juan Soler y Angel Villar sí que eran unos tramposos y nadie decía nada de ellos. Es lo que tiene, supongo, aparecer en el EGM con tropecientos mil millones de oyentes más que el resto de las emisoras de radio mundiales, que al final uno se desnorta y acaba perdiendo la conexión con el mundo real. Por supuesto que aquí nadie, él tampoco, puede dar lecciones de nada, pero mientras él mandaba a uno de sus chicos a la rueda de prensa del miércoles con la misión de preguntarle a Calderón sobre el "clima artificial" que podía crearse el domingo en el estadio Santiago Bernabéu, (¡clima artificial!) aquí abajo, en el planeta tierra, aparecían las fotografías de todos y cada uno de los reventadores de la Asamblea del 7 de diciembre, esos a los que Calderón dijo desconocer poniendo en juego su honor y el de sus directivos, fotografiados con uno de los hijos del presidente del Real Madrid. Si tenemos que hablar de artificios y de falsedades podríamos empezar haciéndolo, por ejemplo, dedicándole un capítulo enterito a la lealtad perruna de algunos medios de comunicación hacia el presidente del Real Madrid por el simple hecho de serlo.

Escribo este nuevo artículo sin saber cómo concluirá el día (yo creo que ni los protagonistas saben qué va a pasar) y sin haber leído lo que Nanín, Nanán haya dicho al diario Marca. Cuando acabe este viernes conoceremos si Caldefrontón dimite finalmente, si sujetan su cadáver deportivo hasta el mes de mayo, si se pone Boluda, si recuperan a Fernando Martín, si se van todos a la calle o si nos echan a nosotros la culpa de lo sucedido. El asunto es poco trascendente. Como las revelaciones de Nanín, Nanán. No me interesa en absoluto lo que tenga que decir el chico del fular de marca. Es más, sé lo que dice sin la necesidad de leerlo. Los fontaneros son más viejos que el fútbol y, por supuesto, más antiguos que este chaval. Y sus reacciones cuando son despedidos son absolutamente previsibles. Calderón ha conducido al club de fútbol más importante del mundo a un callejón tan lúgubre y oscuro que el futuro inmediato de la entidad se está viendo peligrosamente manteado por lo que diga o deje de decir un niñato de veinticuatro años.

La primera enseñanza que el madridismo debe extraer de este cuento de terror que algunos llevamos denunciando desde que comenzó hace más de dos años y medio (y me remonto al proceso electoral que desembocó con Calderón en la silla poltrona) es que su club no puede quedar al albur de que se cuelen virus troyanos en sus dependencias y que ha de habilitar los mecanismos necesarios (los antivirus, por seguir con el ejemplo) que le defiendan ante una contingencia parecida a esta. De la mala experiencia del troyano Calderón, el fontanero del fular caro, el bien pagao del Área Social y la Zona VIP y tantos y tantos casos como vienen denunciándose en la Cadena Cope durante todo este tiempo se puede extraer, pese a todo, una buena conclusión: el Real Madrid Club de Fútbol está en la obligación de correr parejo a su tiempo, debe modernizarse, democratizarse de verdad y situarse, como el resto de grandes clubes, a la vanguardia del siglo XXI. Que hable Nanín, Nanán. No me interesa. Me tiene sin cuidado. Que hable pero que no vuelva. Es curioso, y puede que también definitorio de la forma de actuar del actual presidente, que Ramón Calderón vaya a caer al final por las denuncias de un ganapán. Pero el Real Madrid no es Nanín, ni mucho menos Nanán. 
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