El penúltimo raulista vivo

Nadie quiere el Girona-Barça de Miami

Si es amarillo, tiene pico y hace "cua, cua" como un pato, es un pato. Si te tiras a una piscina sin agua, consultas con tu ombligo una decisión tan importante para la Liga como es la disputa de un partido fuera de España, tienes en contra a la federación, a la AFE, a presidencia del Gobierno, al Consejo Superior de Deportes, a la FIFA, a la UEFA y hasta a la CONCACAF y, además, eliges para representar a la marca España (puesto que la Liga española lo es salvo que consideremos a nuestra Liga "marca Polonia") al equipo del huido Puigdemont y al equipo en cuyo campo se pide todos los domingos la independencia... lo más normal es que tu proyecto no salga adelante. José Félix Díaz contó el otro día en El Primer Palo que de la reunión de Moncloa había salido un consenso a propósito de que ese partido no se podía jugar. Pero es que una hora después de que José Félix dijera eso, Iñaki Cano añadió en El Chiringuito que, nada más ver a Rubiales y a Infantino, Pedro Sánchez les había dicho algo así como "no permitiréis que se juegue ese partido, ¿verdad?"... Así que Tebas querrá, el Girona (que no sus aficionados) querrá y el Barça querrá, pero el sentido común no quiere. O sea, como advertimos desde el primer momento, es un pato.

Además de ser un proyecto unilateral que al parecer Javier Tebas ha consultado con el ombligo de Javier Tebas, la idea resulta estrafalaria por dos motivos fundamentales, uno deportivo y otro que no lo es. El motivo deportivo por el cual no parece lo mejor jugar un Girona-Barça en Miami es que adultera claramente la competición. Y diría lo mismo si fuera un Real Madrid-Atlético de Madrid o un Sevilla-Valencia. Adultera la competición porque el Barça pasa de ser visitante a ser local, y eso no ha gustado nada en el Real Madrid, como adelantó también en El Chiringuito Juanfe Sanz. El hecho de que un año la Liga sea adulterada a favor del Barça y al siguiente lo sea a favor del Madrid tampoco es que tranquilice demasiado que digamos a los otros 18 equipos participantes, que lo que querrán es jugar en las mismas condiciones que los grandes y no en peores. Y, además, estaría por ver, como también contó José Félix Díaz, que el Real Madrid aceptara jugar un partido fuera de España para contentar a Javier Tebas, con quien se las tiene tiesas. Adultera la competición por eso y la adultera también porque no puede ser que la Liga arranque con unas condiciones en agosto y éstas cambien en septiembre.

El otro motivo es extradeportivo. Yo no sé qué ha llevado a Javier Tebas a elegir precisamente el Girona-Barça y a hacerlo justamente ahora, no se me ocurre qué pudo pasarle por la cabeza a Tebas cuando eligió en concreto a estos dos equipos. Puede ser que con otros tenga una mala relación, ya digo que no lo sé. Tampoco sé qué piensa Tebas acerca del momento político por el que atraviesa nuestro país, ni qué pensamientos tiene él a título personal; ni lo sé... ni me importa. Pero hay que estar muy desinformado para creer en serio que un Girona-Barça en Miami no iba a ser utilizado de algún modo por los golpistas para hacer proselitismo de la independencia fuera de España, o sea para "externalizar el conflicto", como dicen los cursis. Cómo fueran a utilizarlo, qué habrían pensado o cómo organizarían el akelarre, tampoco lo sé, pero no me cabe la menor duda de que algo harían. Y algo se temería también la Liga cuando, y nos lo contaba Paul Tenorio el lunes, pasó de pensar que deberían sonar al principio del partido los himnos nacionales de Estados Unidos y de España a pensar que lo mejor para todos sería que sonara sólo The Star-Spangled Banner, o sea La Bandera Adornada de Estrellas.

A los enemigos de España no hay que tenderles puentes sino derribar aquellos por los que pretendan cruzar. Y ese puente, el de un partido entre dos equipos con un amplio historial independentista, era un atractivísimo y suculento puente que no iban a desperdiciar. Desde el primer día dije que la piscina no tenía agua y que la idea era desastrosa por varios motivos pero que, no se sabe bien ni cómo ni por qué, Javier Tebas había conseguido que una mayoría pensara que era una idea genial. Tiene toda la pinta de que ese Girona-Barça se jugará en Montilivi, como Dios manda. Pero, si al final no se juega en Miami, tampoco será porque Luis Rubiales haya derrotado una idea con otra idea, no, en absoluto. Rubiales está a punto de echar abajo la mala idea de Tebas por la fuerza pura y dura del establishment futbolístico y no por el debate público sosegado y racional. Aún así, me gustará que gane Rubiales. No quiero ni imaginarme dónde habría acabado jugándose, no un partido sino puede que la Liga entera, en el caso de que el presidente de la federación fuera Juan Luis Larrea. O Javier Larrea. O Juan Luis Tebas. En fin, ya saben a quién me refiero...

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