El penúltimo raulista vivo

Muñecas matriuskas

Pues para tener el culo pelao, Luis Aragonés vuelve a exhibir ante todos una mandíbula de cristal ciertamente alarmante. Ya dijo Fernando Torres en El Tirachinas nada más concluir el partido contra Rusia que el enfado mostrado tras su sustitución tenía un sólo destinatario, y ese no era otro que él mismo. Me creo tanto la declaración exculpatoria del delantero del Liverpool como el arrepentimiento "espontáneo" de esos jugadores que, tras haberse acordado de la señora madre del árbitro tres o cuatro veces y oportunamente asesorado por los servicios jurídicos del club, piden disculpas al salir de la ducha con objeto de impedir una sanción todavía mayor de la que ya les va a caer. Por supuesto que Torres estaba enfadado con Luis por haberle cambiado, pero un entrenador con tantos kilómetros a sus espaldas y que antes de ser cocinero fue fraile de alto nivel, tiene que saber mirar hacia otro lado en algunos momentos puntuales, más aún si cabe después de una victoria por goleada en el debut de una Eurocopa.

Yo creo que, a estas alturas de la película, todo el mundo sabe que Luis tiene el control total y absoluto de la parcela deportiva y una buena prueba de ello es la surrealista lista de veintitrés jugadores que se ha llevado hasta Austria y los contradictorios motivos aducidos para ello . Si ya no se oye ni una tos y, salvo honrosísimas excepciones, a nadie se le ocurre tampoco carraspear, mirar el reloj o encender el teléfono móvil, no sé a qué narices viene que Luis diga que las cosas no se van a quedar así, dejando entrever que existirá reprimenda para el futbolista por una actitud que luego él mismo se encarga de justificar: "comprendo y entiendo al jugador que se enfada, si no... para qué le hemos traído". Luis, que no hace mucho les hizo a sus jugadores un corte de mangas durante un entrenamiento, demanda ahora corrección y buenas maneras como si un partido de fútbol fuera semejante a asistir al Covent Garden de Londres para presenciar el Macbeth de Shakespeare interpretado por el actor Kenneth Branagh.

Las contradicciones de Luis (estoy convencido de que si a alguien que no hubiera visto el partido le hubieran presentado a Hiddink y a Luis tras el 4-1 y le hubieran preguntado qué selección había ganado habría respondido sin dudarlo que la rusa) son como esas muñecas matriuskas que guardan réplicas de sí mismas en su interior. Del "caso Torres", porque está claro que este es el primer "caso" de Luis en esta Eurocopa, dice que "son cosas que se quedan en el vestuario" pero, inmediatamente después de decir eso, asegura que esas mismas "cosas" que un minuto antes pertenecían al ámbito de la estricta intimidad de los jugadores y del seleccionador, "no quedarán así". No se dará el caso puesto que, ocurra lo que ocurra, Luis se irá a la finalización del campeonato, pero me gustaría saber si, después de que se negara a estrecharle la mano tras el cambio ante Rusia, Aragonés adoptaría también con el "niño" la decisión de tirar por la calle de en medio.
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