El penúltimo raulista vivo

Mounny

A mí Mourinho me recordó mucho anoche a William Munny. Pero no al Munny incapaz de subirse a su propio caballo ni tampoco al Munny beodo y pesaroso, triste y acomplejado, incapaz de conciliar el sueño ante la terrible perspectiva de que se le aparecieran uno a uno y en fila india los fantasmas de sus víctimas pasadas sino al Munny vengador, al peor William Munny, el Munny incendiado, el Munny justiciero y de ojos vidriosos que no tiene problemas a la hora de confesar abiertamente que ha disparado contra cualquier cosa que tuviera vida y se moviera. Ayer Mounny disparó contra el árbitro, contra el club y contra sus jugadores aunque yo sigo queriendo ver en su iracunda reacción (probablemente porque continúo creyendo a pies juntillas que es de largo la mejor opción y lo mejor que le ha pasado al Madrid en muchísimo tiempo) un ánimo resucitador y no enterrador de todas las instituciones anteriormente citadas.

Quien, aún en el caso de que el Barcelona sume hoy otros tres puntos, diga que la Liga está sentenciada... es que no conoce bien al Real Madrid. E imagino el nivel de las críticas que se le van a venir encima a partir de ahora a Mourinho. Si ya fueron malísimos los tiempos para la lírica cuando a este mismo equipo se le ocurrió cometer la ofensa de conquistar una Liga sumando 100 puntos y logrando 121 goles no quiero ni pensar qué se dirá y qué floreados adjetivos se emplearán para atacar al entrenador de un Real Madrid a 11 puntos del Barcelona cuando aún no ha arribado el mes de diciembre. Pero yo creo que el mensaje del entrenador es de una hondura superior a la que, distraídos por la dolorosa derrota del sábado, queremos ver. De lo que yo creo que habla Mourinho no es de una derrota o de dos, ni tampoco de una Liga o de una Champions; de lo que habla Mourinho, cierto es que con un escasísimo eco, es de una implicación total y absoluta de todas y cada una de las piezas que ensamblan el Real Madrid.

Mounny es presa de una obsesión, el fútbol, cuyo virus percibe que no ataca a los demás profesionales o amateurs que le rodean. Y es verdad que cuando Butragueño y Pardeza salen ahora a criticar el calendario o los arbitrajes suena a actitud fingida, una pose falsa ensayada previamente delante del espejo, un artificio con el cual regatear la próxima bronca del entrenador. Pasaba exactamente lo mismo con Valdano, que posaba por dinero. Y Mounny no quiere un club con gente que finja sino un club con gente que sienta, un club con gente dolida de verdad por el maltrato arbitral o las veleidades de un calendario hecho con los pies y no con la cabeza, un club que no se esconda sino que se rebele y que no tenga miedo de ir a la batalla. Llegarán otros presidentes, vendrán otros jugadores, habrá socios nuevos y, por supuesto, se fichará a otros técnicos, pero lo que éste entrenador en concreto está diciendo ahora mismo es que para derrotar al mejor Barcelona de la historia resulta imprescindible que el madridismo despierte de su largo letargo. Y sinceramente dudo que lo logre.

A continuación