El penúltimo raulista vivo

Montescos y Capuletos culés

Como ayer hablé del futbolín, ese gran invento del señor Finisterre que cambió para bien nuestras vidas, no pude dedicarle el tiempo que indudablemente se merece al abrazo-simulacro-paripé que, mirando de reojo hacia las cámaras de televisión allí presentes, nos brindaron Montescos y Capuletos culés. Ojalá que todo resultara tan fácil en la vida: insultas gravemente a tus compañeros, luego pones a caer de un burro a tu actual jefe, también pringas a algún ex-jefe que ya no está en la oficina, concluyes tu alegato amenazando a todo aquel que se te ponga por delante, advirtiendo de antemano que no olvidarás jamás lo que se ha dicho de tí, descubriendo la existencia de dos bandos dentro de tu grupo de trabajo, revelando las envidias existentes por lo bien que tú lo haces y luego, al día siguiente, te pegas un largo y cálido abrazo y ya está, se acabó, a otra cosa mariposa. Desgraciadamente no es tan sencillo.
 
Como bien dijo el miércoles Michel, a esta piña se le ven descaradamente los piñones. De repente, Eto'o ha desnudado al Barça, exhibiendo sus interioridades ante todo el mundo, tirios y troyanos, barcelonistas y anti, fieles de Ronaldinho y seguidores del propio Eto'o. La entente cordial, el pacto real alcanzado tras ese abrazo evidentemente fingido, sólo tiene un claro objetivo y no es otro que intentar sacar adelante como sea lo que queda de temporada. El Barcelona está bien orientado deportivamente hablando, aunque ahora el más mínimo tropiezo, la más ligera dificultad, serán rápidamente interpretados en clave de rencillas internas entre alguno de los miembros de los dos bandos denunciados públicamente por Samuel Eto'o, el Montesco culé.
 
Quien sale peor retratado en la foto es indudablemente el entrenador. A Frank Rijkaard le han sacado movido, mirando hacia otro lado, haciéndose el sueco cuando todo el mundo sabe que él es holandés. No se enteró, o no quiso enterarse, de que sus dos grandes estrellas se llevaban a matar, reaccionó tarde y luego prefirió que lo solucionase todo un vestuario autogestionario. Puyol habló con todos y logró tapar la crisis con mano firme, justo la que no tuvo su entrenador. Al defensa no le tembló el pulso y, después, Rijkaard se puso a tirarle baloncitos a su amigo Samuel en un entrenamiento personalizado. Lo único que ha conseguido Eto'o ha sido acentuar la pendiente. Y, como quien no quiere la cosa, traspasarle de repente la crisis madridista a su propio equipo. Y es que, en el fondo, yo creo que el camerunés sigue siendo merengón. Montesco, sí, pero del Real Madrid.
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