El penúltimo raulista vivo

Mono, morro, moho, mozo, moto, moco...

Vaya por delante que yo creo que Busquets llamó efectivamente "mono" a Marcelo. Y vaya por detrás que pienso que el Real Madrid hizo pero que muy bien en denunciar al jugador del Barcelona y que la UEFA debería imponerle un severo castigo por su actitud xenófoba sobre el campo. El 29 de abril, al poco de conocerse la fiscalización que de la rueda de prensa del entrenador del Real Madrid hizo el club culé y su posterior denuncia ante el máximo organismo del fútbol continental, ya dije que nos ibamos a divertir, y así está siendo. El gesto de la junta que preside Sandro Rosell tuvo, a mi modo de ver, la tremenda virtud de abrirle de una vez por todas los ojos de par en par a Florentino Pérez, confirmando de paso uno de los mantras de José Mourinho, repetido años ha por Alfredo di Stéfano: "al enemigo deportivo ni agua".

Por supuesto que el Barcelona, como antes hizo el Real Madrid, tiene todo el derecho del mundo a argumentar que su jugador dijo "morro", "moho", "mozo", "moto" o "moco" en vez de "mono", pero en mi opinión las imágenes dejan poco lugar a las dudas: Busquets se equivocó, dijo lo que dijo y ahora deberá asumir el castigo, del mismo modo que lo asumió (o quizás no, ya veremos) el propio Mourinho. José María Bartomeu, el que dice que él no se va a meter en la política de otros clubes, se mete sin embargo, vaya que si se mete, y dice que el Barcelona nunca haría lo que está haciendo el Real Madrid. Y es cierto: el Barcelona jamás aguantaría 50 años de insultos, provocaciones constantes, falsas acusaciones y desplantes en el palco sin mover ni un solo músculo. Lo que ahora ha hecho bien Rosell fue lo que antes hicieron rematadamente mal Luis de Carlos, Ramón Mendoza, Lorenzo Sanz o el propio Florentino Pérez. A Ramón Calderón no le incluyo porque era tan fan de Joan Laporta como Stark lo era de Messi.

Ojalá que la denuncia inicial del Barcelona, la que afortunadamente origina todo, y la posterior contradenuncia del Real Madrid provoquen también la eliminación de ese auténtico paripé en el que se han convertido las comidas entre directivos, gente rica que se da auténticos atracones en restaurantes de cinco tenedores a costa del socio con el único objeto de hacernos ver que lo que sucede en el campo en el campo queda cuando absolutamente todo el mundo sabe que eso no es así. Parece que tras el 5-0 Mourinho vino a decirles a sus jugadores que menos besitos, menos sonrisitas, menos toquecitos y más competir, que aquellos que estaban enfrente eran sus adversarios y que el rollito guay de la selección podía esperar tranquilamente hasta la próxima Eurocopa. En el transcurso del carrusel de clásicos el Real Madrid conquistó una Copa, perdió (gracias a la intervención arbitral) unas semifinales de Champions y ganó un capitán, Iker Casillas. Otra cosa más que hay que agradecerle a ese gran motivador apellidado Rosell. Repito: gracias, Sandro, gracias.

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