El penúltimo raulista vivo

Modric

A Dios gracias que Mourinho no tuvo nada que ver con la salida de Özil del Real Madrid, más bien con su llegada. Aunque seguro que quienes reescriben a diario la historia se encargarán de que el factótum del fichaje acabe siendo al final Jorge Alberto Valdano cuando fue precisamente al revés. Un día, harto de la inoperancia del argentino, Mourinho saltó y dijo aquello tan famoso de que el encargado de fichar no tenía ni idea de quién era Khedira y añadió que tampoco sabía de los problemas de Özil en el Werder Bremen. Si el hoy añoradísimo Özil llegó al Madrid fue porque Mou estuvo especialmente listo, y si aquí acabó por pasar desapercibida la decisiva intervención del portugués en aquella gran operación económica (sólo costó 15 millones de euros) fue porque dejaba en clara evidencia a la persona que cobraba del club por hacer el trabajo que al final tuvo que hacer el entrenador, o sea Valdano. Y no sólo eso: en el último sprint de Mourinho en el Madrid, con el portugués ya amortizado y con los Tattaglia claveteando a toda prisa la caja de pino del entrenador no fuera a ser que en el último momento sobreviviera u osara quedarse, se especuló con las malas relaciones personales entre el alemán y su entrenador. Falso de toda falsedad.

Mourinho, que sólo quería "troncos" en su equipo y que como todo el mundo sabe juega sin centro del campo como Javi Clemente, trajo por cuatro perras al Madrid al fino estilista Özil. Y, tiempo después, también a Modric, otro virtuoso del violín. El recibimiento que se le tributó en España al jugador croata fue infinitamente más agresivo que el de Özil por varios motivos: porque Mou había dejado de caer simpático, porque había que desacreditar al portugués como fuera, por el montante económico de la operación, porque era un caprichito, porque el chico había posado al parecer con una camiseta del Barcelona un par de años antes y porque, y ahí están las hemerotecas para quien quiera comprobarlo, toda la operación se había diseñado al parecer para distraer la atención del verdadero problema del club, un problema que probablemente respondiera a las iniciales F. P. R.

A mí, que no soy precisamente uno de esos locos del fútbol con trescientos satélites en casa, Modric siempre me pareció un jugadorazo desde el primer instante. Tuve el privilegio de asistir a su debut como titular en el estadio Santiago Bernabéu ante el Granada y todo lo que hizo sobre el terreno de juego me pareció muy sensato y coherente y destinado siempre a hacer mucho mejores a sus compañeros. Hoy, cuando Modric se ha convertido en un nuevo Milan Jankovic y su peso específico dentro del campo ha crecido tanto que ya se puede decir sin temor al error que lleva claramente y con descaro la batuta del equipo, resulta que Ancelotti sabía desde julio que su Real Madrid sería Modric y diez más. Pero es que hasta hace un mes el Real Madrid tenía que ser Morata y diez más, hasta hace quince días tenía que ser Isco y diez más y la semana pasada tenía que ser Jesé y diez más. Por sacarle un aspecto negativo a la eclosión de Modric siempre podremos afirmar que su titularidad es debida a la lesión de Khedira, ese jugador de quien no sabía nada en 2010 el hombre encargado de fichar para el Real Madrid y que, pese a ello, cuando está bien es un fijo indiscutible para Löw con la selección de Alemania.

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