El penúltimo raulista vivo

Mijatovic, con el trasero al aire

Javier Turienzo dice que lleva un día y medio sin poder vivir y que a su hija pequeña la señalan en el cole porque su padre ha fastidiado al Madrid. Suena todo a Chicago años 20, la verdad. El árbitro vasco recibió en su casa más de cincuenta llamadas telefónicas amenazándole de muerte a él y a su familia. Por otro lado, a fuer de surrealistas, las notas públicas del Real Madrid acabarán por pasar a la antología del disparate: "una de las características tradicionales (...) ha sido el respeto a la profesión arbitral y a sus decisiones", dicen hoy mismo. Quiero recordar lo que Pedja Mijatovic, director deportivo madridista, dijo a la conclusión del partido disputado el otro día en El Sardinero: "Estamos muy enfadados. Han pasado cosas realmente raras y errores que no se pueden perdonar. Con lo que hemos trabajado para llevar al equipo hasta aquí no es normal que ahora nos hagan lo que nos han hecho y haya pasado lo que ha pasado".

Aquí caben varias posibilidades. La primera es que quien redacta las notas del Real Madrid esté empadronado en Venus, también conocido como el Lucero del Alba, y no sepa lo que sucede aquí abajo, en el planeta Tierra. La segunda es que, después de realizar unas declaraciones tan diametralmente opuestas al "comportamiento social del Real Madrid y de sus dirigentes", Ramón Calderón haya destituido ya de su puesto a Mijatovic y todavía no nos hayamos enterado el resto de mortales. La tercera, y más peligrosa de todas para el club, es que la junta directiva del Real Madrid considere a Mijatovic un cuerpo extraño, lo más parecido que hay a un kamikaze. La cuarta es que, aún sin haberle cesado todavía oficialmente en sus funciones, Calderón se lo esté pensando seriamente y ésta sea la gota que haya rebosado al fin el vaso de su paciencia. En cualquier caso, Mijatovic queda con el trasero al aire, claramente desacreditado por el club para el que trabaja... todavía.

Todos tendríamos que reflexionar. Los directivos, los jugadores, los entrenadores, los periodistas, los aficionados y, por supuesto, los propios árbitros. Da la impresión de que los colegiados también compartan estancia en Venus con la persona que suele redactar las notas del Madrid. ¿Hacía falta llegar a un punto tal en que un árbitro no pudiera salir de su casa? Yo creo que no. Puede que la gente sólo quisiera una explicación; a lo mejor la solución era tan simple como esa. Pero es complicado que Victoriano, que no vive en Venus sino en Babia, que es peor aún, saque al colectivo arbitral del aislamiento en el que él mismo lo metió.

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