El penúltimo raulista vivo

Miedo al compromiso

El otro día oí por la radio la increíble historia de una mujer a la que un hombre, mucho mayor que ella, había dejado plantada dos veces tras conseguir primero enamorarla. "Miedo al compromiso", sentenció una psicóloga que debían tener en el estudio. "Miedo al compromiso", repetí yo para mis adentros, inducido probablemente por la experta. La primera vez, el "señor Y" desapareció del mapa durante cuatro meses sin dar ni una sola explicación. Tras el reencuentro, normalizada de nuevo la relación y ofrecidas las oportunas disculpas, el "señor Y" volvió por sus fueros tres meses más tarde. En vista de que la montaña no iba a Mahoma, nuestra heroína decidió ir a buscarle directamente a su casa. Comprobó que había luz en el piso. Un vecino abrió al fin el portal, subió y se puso a llamar insistentemente a la puerta.

Transcurrida aproximadamente media hora desde el primer timbrazo, el "señor Y" abrió y, absolutamente desencajado, se llevó directamente la mano al pecho: "¡Me encuentro mal, me encuentro muy mal, quiero estar sólo!". La mujer de nuestra historia sabía perfectamente que el "señor Y" estaba fingiendo, pero aún así le preguntó: "¿Quieres que te lleve al hospital? ¿Llamo a un médico?". Estaba decidida a no marcharse hasta que el "señor Y" le diera una explicación coherente, pero, pasada una hora, se dio cuenta de que aquella explicación jamás llegaría por el simple hecho de que no había ninguna. "Miedo al compromiso", insistió la psicóloga. "Miedo al compromiso", repetimos al unísono la presentadora del programa y un servidor, orientados por la experta. No me pregunten por qué pero, de repente, cual fugaz rayo de luz, me vino a la cabeza el caso del futbolista Ronaldo.

La operación de venta de Ronaldo al Milan fue un error, sí señor, pero sólo porque debió producirse mucho antes. Ronaldo, que fue en su día el mejor goleador del mundo, tuvo sin embargo, desde sus primeros regates, un insuperable miedo a comprometerse con el club al que pertenecía. Sucedió en el Barcelona, pasó luego con el Inter, ocurrió nuevamente con el Real Madrid y es probable que no se repita con el Milan, pero sólo por una cuestión de edad, no por otra cosa. Como le sucedía al "señor Y" de nuestra historia, lo que más le gusta a Ronaldo es ir por ahí conquistando clubes, enamorando a las aficiones. Pero, cuando logra el amor, empieza a encontrarse muy mal, se lleva la mano al pecho y de repente, ¡pluff!, desaparece. El error de la mujer fue darle una segunda oportunidad al "señor Y". El fallo del Madrid consistió en no desembarazarse a tiempo de Ronaldo cuando todavía pagaban por él lo que su entorno y él mismo decían que valía. C'est l'amour!

El "9" lleva ya siete goles conseguidos con su nuevo equipo. Siete goles tras dos meses y medio en Italia, puesto que, si no me equivoco, debutó el pasado 12 de febrero contra el Livorno. Créanme cuando les digo que esa "racha goleadora" es sólo fruto de la repentina excitación del nuevo amor, una exhibición (relativa) de potencia que se extinguirá en cuanto aparezcan los primeros problemas. Como el "señor Y", Ronaldo tiene la necesidad imperiosa de demostrar que puede conquistar cualquier club que se interponga en su camino. Una vez rendido el club y tras enamorar a los aficionados, Ronie simplemente se apaga. Apuesto pajaritos contra corderos a que así será. La psicóloga lo llamaría "miedo al compromiso". Yo, que de psicólogo tengo más bien poco, prefiero llamarlo, con el permiso de todos ustedes y el consentimiento del propio Ronaldo, rostro, visaje, jeta, fila, hocico, chuche y jeroz.

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