El penúltimo raulista vivo

Messi y la burbuja española

A una temperatura de veintiún grados centígrados en invierno y veintiséis grados centígrados en verano, con una humedad relativa del aire de entre un cincuenta y un sesenta por ciento, el cesped en perfectas condiciones, la grada animando y los rivales fotografiándose con él, es probable que Leo Messi sea el mejor futbolista del mundo, pero el fútbol también es calor o frío, el fútbol también es lluvia, el fútbol también es nieve, el fútbol también es un arbitraje en contra, el fútbol también es Andoni Goikoetxea. Y con mal tiempo, un césped en condiciones no demasiado buenas, la grada en contra y un futbolista tan pegajoso como resultó ayer Casemiro en Mineirao y no uno que te haga el pasillo y arroje rosas frescas a tu paso, Messi pasa de ser el mejor a ser simplemente un buen futbolista, sí, pero en ningún caso uno que incline la balanza, uno que marque las diferencias sobre el campo. Cuatro Mundiales, cinco Copas América y cuatro Champions después yo creo que se puede afirmar con cierta rotundidad que, fuera de la burbuja española, Lionel Andrés Messi Cuccittini no es un futbolista determinante, uno que la pida y resuelva.

Y la verdad es que esas dos caras tan absolutamente antagónicas, las que muestran el doctor Jekyll en la Liga española y el señor Hyde con su selección o con el Barcelona en Europa, nos llevarían a hacernos esa pregunta que popularizó en su día José Mourinho: ¿Por qué? ¿Cómo es posible que un futbolista tan talentoso como Messi, un jugador que, según sus fieles, está en disposición de tutear a Di Stéfano, Pelé o Maradona, decaiga de un modo tan espectacular en cuanto cruza la frontera con Francia? Si uno es el mejor en algo lo es, salvo lesión, siempre y en cualquier circunstancia. La enésima decepción de Messi con Argentina, de la que debiera ser líder indiscutible, tendría que hacer reflexionar a sus seguidores pero, muy lejos de producirse esa reflexión y supongo que con el objetivo de sobreprotegerle, todo lo que Leo hace o deja de hacer sobre un terreno de juego encuentra siempre una fanática justificación: el viento, el sol, el campo, los pajarillos del bosque...

Es tan burda y tan cómica al mismo tiempo esa funesta explicación de que la actual selección albiceleste no está a su altura que incluso ya se ha convertido en carne de meme. Porque, ¿qué selección brasileña envió esta madrugada a Argentina de regreso para Buenos Aires? ¿Fue la de Jairzinho, Tostao, Rivellino y Carlos Alberto de los años setenta? ¿O acaso la de Toninho Cerezo, Sócrates, Zico y Falcao de los ochenta? ¿O sería la selección de Brasil de los años noventa, la de Bebeto, Romario, Careca y Alemao?... Pues no, fue la selección brasileña de Gabriel Jesús, Firmino, Everton y Marquinhos, un buen equipo a secas. Tite no tenía al mejor futbolista de todos los tiempos en su once inicial y, pese a todo, esta selección de Brasil ganó por 2-0 a Argentina en el que, paradójicamente, fue quizás el mejor partido del equipo dirigido por Scaloni.

Había algo que sí salvaba a Messi hasta ahora y es que no era un habitual del excusismo. Pero a Messi, como a todos, se le pasa el tiempo, él es consciente de ello, tiene 31 años y muy pronto dejará de jugar en la pista central. Y como Messi, que es un jugador fantástico pero que jamás ha sido un líder, no está acostumbrado a encabezar a nadie fuera del campo, ayer quiso pasarse adrede de frenada acusando a la Conmebol de mover sus hilos en favor de Brasil y al arbitraje de negarle una oportunidad al VAR cuando, y cito textualmente al propio jugador, otras veces ha intervenido por boludeces. Además, y aunque siempre habrá debate por supuesto, tengo la impresión de que cada día que pasa la balanza en Argentina se inclina más y más del lado de Maradona. Porque Diego sí jugaba con frío y con calor, sí daba la cara con la grada en contra, Diego sí encaraba con el cesped en mal estado y sí lideraba tanto dentro como fuera del terreno de juego; a Maradona no le tosían, no, a Maradona le cosían y no precisamente con hilo y aguja, que eso llegaba en cualquier caso después y para cerrar la herida, sino a base de patadas.

Yo no creo que Messi sea eso que en Argentina denominan pechofrío; yo creo que es un futbolista que puntúa con un diez en muchos aspectos pero que en otros no pasa del aprobado raspado. Fuera de la burbuja española Leo Messi se la pega una y otra vez, y otra más, y quienes piensan que le ayudan no exigiéndole, quienes creen que le protegen diciendo cosas tan estrambóticas como que cuando gana su equipo lo hace por él y cuando pierde es por culpa de los demás, lejos de agrandar su leyenda la están empequeñeciendo. Messi es el Rey en España y probablemente por eso haya decidido no moverse de aquí, pero sometido a temperaturas extremas y marcado por futbolistas y no por ursulinas, Leo no resiste la comparación con los mejores de todos los tiempos. Definitivamente no la resiste, no señor, de ningún modo.

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