El penúltimo raulista vivo

Messi... ¿The Best?

Yo no puedo cuestionar el premio que la FIFA entregó anoche a Lionel Messi como mejor futbolista de la temporada 2018-19. Bueno, sí puedo cuestionarlo pero el hecho de que Messi, que es indiscutiblemente uno de los mejores futbolistas del mundo, haga ganado el premio The Best o pueda ganar el próximo Balón de Oro entra dentro de lo posible. Quiero decir que no me parece que los jugadores, aficionados y periodistas que eligieron ayer a Messi por delante de Virgil van Dijk y de Cristiano Ronaldo tengan que ser acusados de herejía. Podría haber ganado Messi, como así sucedió, y no habría sido extraño que ganara el defensa central del vigente campeón continental o lo hubiera hecho el delantero del campeón italiano y capitán de la selección que conquistó la Copa de Naciones con Portugal. Lo hizo Messi, pues bien. Messi ganó el premio The Best en un año que no estaba demasiado claro, de hecho superó en ocho votos al defensa holandés y en diez al delantero portugués. O sea, Messi aprobó raspado pero aprobó y, como decía, yo no estoy en condiciones de inclinar la balanza de un lado u otro. Y no puedo cuestionarlo porque yo no soy un fanático.

Y ese es el problema también en esto, la doble vara de medir del fanatismo. Porque hay una secta que piensa que cuando Messi cuelgue las botas se acabará el mundo, ya no habrá más fútbol y pincharán todos los balones. Hay una secta que adora a Messi por las noches y que sostiene que Leo ha sido es y será el mejor futbolista de todos los tiempos. Ha sido, es y será. Esa secta excluye a los demás, que se esfuerzan tanto como Messi y que, a veces, conquistan también más títulos que él o de una importancia superior. Pero todo eso les da igual a estos illuminati, que son faltones a la par que pedantes y prepotentes. Son sectarios, claro, porque niegan la realidad, discriminan al otro niguneándolo y se construyen una verdad oficial paralela a la del resto de seres humanos. Estos sectarios, en fin, a quien hacen daño de verdad es al propio Messi, que no es como sus apóstoles, que es bastante más normal que todo eso y que asume con naturalidad lo que, en el fondo, no deja de ser un simple juego.

El The Best, eso sí, como sucede con el Balón de Oro, conlleva prestigio personal a quien lo conquista y global para el club al que pertenece el futbolista en cuestión. Así que ayer fue un buen día para el Barcelona, sí, del mismo modo que en su momento lo fue para el Real Madrid cuando Cristiano o Modric barrían en las votaciones. Los sectarios de Messi no son distintos al resto de sectarios, de hecho me recuerdan mucho, por ejemplo, a la pobre Greta Thunberg, esa niña-guiñol que aparece ante los medios como si fuera la mismísima Norma Desmond de El ocaso de los dioses. Hay algo de lo que dijo anoche Ramos, sólo algo porque luego volvió con el soniquete de su contrato con lo que estoy muy de acuerdo: el fútbol no es un deporte individual aunque individuos tan relevantes como por ejemplo Messi o Cristiano consigan hacerlo distinto. Decía al principio que yo no podía cuestionar el premio de la FIFA a Messi, pero sí puedo y lo voy a hacer. No creo que Messi mereciera más que Van Dijk ese premio, pero mientras que uno marca goles y es una estrella a nivel mundial, el holandés los evita y, aunque estrella también, no tiene la relevancia del argentino. Me parece que, por mucho que el fútbol sea un deporte colectivo, los premios individuales en el fútbol deben estar marcados por una competición, la Copa de Europa, el título más codiciado, el más prestigioso y el más difícil de cosechar. Creo que, en una votación tan ajustada, el mundo del fútbol optó por lo fácil y eligió al más potente mediáticamente hablando. Aunque eso hoy no lo dirá ninguno de los sectarios de Messi, los illuminati que desprecian al otro y que vaticinan el fin del mundo y el caos del fútbol para cuando cuelgue las botas.

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