El penúltimo raulista vivo

Messi no tiene la sangre de Maradona

Aquí comparamos a Maradona con Messi, y allá a Messi con Maradona. Quiero decir que, de tanto resucitar al Pelusa, en Argentina se lo han tomado al pie de la letra y pretenden que Leo sea Diego cuando sencillamente no lo es. No es lo mismo ganar títulos acorazado por Iniesta, Xavi, Alves, Pedrito, Piqué y Busquets que hacerlo rodeado por Bruscolotti, Renica, Giordano y Romano. Maradona simplemente obró un milagro en Nápoles y por eso allí sigue siendo considerado como el indiscutible rey del fútbol mundial. Diego tiró él solito de un carro al que más tarde se subieron Careca y Alemao, ganó la Liga italiana con un equipo de mitad de la tabla y un Mundial con una selección del montón en la que sólo creían él y Bilardo; sinceramente no creo que Messi sea capaz de nada de eso.

Si Messi quiere saber lo que es la presión que vaya a preguntarle al ex seleccionador argentino cómo le recibían a él por Italia cuando iba a jugar con el Nápoles. Yo, salvo mejor opinión, que seguro la habrá, creo que Messi no resiste la comparación con Maradona, y por supuesto tampoco con Di Stéfano o Pelé. Leo tiene un problemón con Argentina. Le tienen atravesado porque en Europa lo conquista todo pero cuando juega con su selección no aparece, se esconde, se aísla. Aquí es argentino, allá le tienen por español y en muchos foros dicen que es el mejor jugador de fútbol de la historia. No apoyo esa moción. Puede que sea por la edad, pero a mí Maradona, que me parece mejor, me transmitía sensaciones que con Messi no aparecen. Cuestión de feeling.

Es el peso de la púrpura. Y, en una selección de fútbol como la argentina, la púrpura pesa mucho. Lo peor es que empiece a calar la idea de que Messi se deja la piel por el Barça y con la albiceleste se deja llevar. Se ha filtrado una discusión entre Burdisso, que es un hombre con mucho poder en su selección, y Leo, en la que el jugador de la Roma le acusaba de ser un pendejo por no correr la última jugada del partido contra Colombia. Maradona, con quien comparan constantemente a Messi, corría la primera jugada, la intermedia, la última y luego seguía corriendo cuando acababa el partido. Un aficionado gritaba: "¡Éste no tiene la sangre de Diego!"... Y, de todo lo que se ha dicho de él, es en eso en lo que estoy más de acuerdo: Messi, que es un superclase, no tiene la sangre de Maradona. Y la sangre no la entrena ni siquiera Guardiola.

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