El penúltimo raulista vivo

Messi al Chelsea y yo al Washington Post

Hay dos cosas que me llaman la atención de la crisis "Messi-Luis Enrique" que acabará posiblemente con los huesos del asturiano lejos del Camp Nou. La primera es el alegre desparpajo, muy propio por cierto del bendito oficio al que me dedico desde hace ya más de un cuarto de siglo, con el que aquellos que han negado hasta la saciedad que Leo fuera un pequeño dictador, un jugador que ponía y quitaba entrenadores o echaba a jugadores molestos, y que incluso nos tachaban de locos a quienes osamos defender dicha teoría desde el primer día, buscan acomodo ahora en la vanguardia de la manifestación de un modo similar con el que los clientes sacan los codos para hacerse sitio en las interminables colas que se forman en el Boxing Day londinense.

La segunda cuestión que me llama la atención es la satisfacción, el orgullo casi, que directiva, afición y periobarcelonismo, que ya han salido del armario y reconocen abiertamente que sí, que Messi es quien manda, muestran ante un hecho tan vergonzoso como es que un jugador, cualquier jugador, se haya apropiado del control de un club centenario y por el que han pasado grandísimos futbolistas que jamás en su vida se creyeron ni por un minuto con el derecho a detentar el poder omnímodo que se le ha entregado al argentino. Resulta ofensivo, incluso para un madridista, escuchar en boca de culés que todo lo que ganó el Barça de Guardiola se debió única y exclusivamente a Leo, faltando implícitamente al respeto a los Valdés, Busquets, Iniesta, Puyol, Piqué o Xavi, todos ellos campeones del mundo gracias a Álvaro Arbeloa.

¿Cómo narices va a querer a un futbolista así José Mourinho? ¿Estamos locos? ¿A quién se le puede haber ocurrido que un entrenador cuyo primer mandamiento es que el grupo está por encima de las individualidades vaya a fijarse en el Macaulay Culkin del fútbol mundial?... Si Messi agotó a Guardiola, deprimió a Martino y está a punto de liarse a guantazos con Luis Enrique, a quien directamente no dirige la palabra, ¿cómo acabaría su hipotética relación con el entrenador que sentó a Casillas y a Ramos?... Mourinho apela con ciertas dosis de diplomacia al fair play financierlo para negar en público su interés por Messi, pero la verdad es que no le quiere ni en pintura. Leo, que es un fantástico futbolista, aporta soluciones y problemas al cincuenta por ciento y sus manías de estrella del rock pueden desestabilizar una plantilla; sólo desde ese punto de vista, Messi es una "mercancia averiada" que únicamente encaja en el Barcelona, convertido en su corralito particular.

A Luis Enrique, y eso es la pura verdad, la gestión de la primera plantilla del Barcelona le viene tan grande como a Camacho en su día la del Real Madrid o como me vendría a mí la dirección de la Quinta Flota de los Estados Unidos de América. Pero una cosa es eso, que ya no tiene arreglo salvo con su dimisión, que podría llegar tras el partido contra el Atleti, o su cese, y otra bien distinta es que una afición que ha visto a Kubala, Suárez, Cruyff o Maradona presuma de ningunear al entrenador y le puentee faltándole al respeto. La regeneración del Barcelona pasa por el cambio de entrenador, que es lo fácil, y por la marcha de Messi y de su entorno, que es tan letal o incluso más que el infausto círculo que rodeó a Maradona mientras jugó en el Camp Nou; lo segundo lo dedujo Guardiola, que es un cínico pero no un idiota, y ese fue uno de los motivos por los cuales emigró. Messi al Chelsea y yo al Washington Post.

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