El penúltimo raulista vivo

Ménage à trois

Iba a escribir sobre el extraño caso de Axel Marie Gustave Hervelle, ese ala-pívot de triste figura que pareciera surgido del pincel del mismísimo Frans Hals padre, "cortado" injustamente por Ettore Messina y victorioso y aclamado al fin por los suyos en el regreso al Palacio de Vistalegre, pero el tradicional soplamocos del Atlético de Madrid al Fútbol Club Barcelona en el estadio Vicente Calderón me hace variar momentáneamente mis planes. Mañana, o pasado o al otro me referiré a este chaval de Lieja que quiere jugar a toda costa en el Real Madrid, que demuestra con sus actuaciones que está sobradamente capacitado para hacerlo, que tiene el corazón blanco y que se ve sin embargo obligado a errar por esas canchas de España como alma que lleva el diablo a la espera de la próxima paliza que, por mor de un contrato, se verá obligado a propinarle al equipo de sus amores. En algunos momentos del partido de ayer contra el Bizkaia Bilbao, cuando sólo pintaban bastos para el Madrid, llegué a pensar que Axel, que estaba luchando contra su propia naturaleza, iba a revolverse en cualquier momento contra Moiso para dársela a Llull y que éste se jugara uno de sus famosos triples. Una "Messinada" la de Hervelle.

A lo que íbamos. La victoria anual del Atlético de Madrid sobre el Barcelona en el Calderón estrecha más la Liga por arriba y deja al Real Madrid a tiro de piedra del equipo azulgrana. Jamás comprenderé este curioso ménage à trois futbolístico en el que el equipo rojiblanco se dedica a observar por la mirilla lo que hacen los dos grandes del fútbol español. El Atlético, capaz de lo mejor y de lo peor, ganó al todopoderoso Barça cuando menos necesario era para sus propios intereses, y lo hizo además de la única forma posible: con intensidad, concentración, anticipación y rigor defensivo. A este Barcelona, y ya lo demostró en su día el Chelsea, no le gustan esos partidos; todos los equipos saben que se le gana así, pero muy pocos son capaces de aguantar los 90 minutos cometiendo el menor número de errores posibles: el Atlético lo hizo y se llevó tres de los nueve puntos que, según Enrique Cerezo, le regalan siempre al Madrid, su máximo rival histórico. Extraño.

Pero, al margen de la derrota culé, el Real Madrid tiene otro problema y es su propio juego. Llega el equipo de Pellegrini al tramo decisivo de la temporada (marzo, abril y mayo) sin un modelo definido, carente de una idea clara de lo que pretende hacer sobre el campo, más sólido defensivamente hablando pero tan peligrosamente desconectado en el ataque como allá por el mes de septiembre. Todos sabíamos que Sevilla o Valencia no aguantarían el tirón y acabarían sometiéndose tarde o temprano a la disciplina azulgrana y merengue; es cierto que han sufrido el flato antes de lo esperado, pero era cuestión de tiempo que se desinflaran. La Liga ya es sólo cosa de dos y regresa la Champions y, por mucho que me fije, sigo sin ver mejoría en el juego del Madrid. ¿Ganará así la Liga?... La tiene más cerca que nunca. ¿Se llevará de ese modo "su" Champions?... Ojalá. Al final haremos balance pero, como decía don Luis Molowny, acabar segundo en el Real Madrid es un soberano fracaso.

Posdata: Azulon nos obsequia hoy con el enlace a un artículo de Alfonso Ussía en La Razón. Es curiosísimo: mientras Alfonso ha sacado la guadaña, (y a fe mía que la ha sacado) con Raúl, uno de los dos o tres emblemas de la historia del Real Madrid, ha sido el maestro de periodistas, la mejor pluma de occidente, el faro que guía nuestras vidas, un merengue de corazón, referencia obligada para todos aquellos que quieran saber qué es el madridismo; pero cuando el mismo Ussía ha osado escribir un artículo (uno) negativo sobre Higuaín se ha transformado en un ventajista. Caramba, carambita...   
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