El penúltimo raulista vivo

Medicina Villalonga

A medida que avanzaba la terrorífica (por el panorama que en ella se describía) rueda de prensa ofrecida por el empresario madrileño Juan Villalonga me iba imaginando a los aficionados valencianistas prendiendo teas en sus casas para dirigirse después contra el domicilio de Juan Soler como si el suyo fuera el castillo del doctor Frankenstein. Eso mismo debió temerse el propio Soler porque, nada más finalizar la dramática exposición acerca del ruinoso estado de salud financiero del Valencia Club de Fútbol, o puede incluso que durante la misma, el máximo accionista decidió tomar también la palabra para dar su versión de los hechos e impedir así que le agredieran por la calle. Oí integramente ambas comparecencias y, dejando a un lado eso que suelen decir de que quien golpea primero golpea dos veces, sí debo manifestar que mientras Villalonga estuvo locuaz, docente, divertido incluso, tardando menos de medio segundo en hacerse el único dueño del escenario, Soler, que no admitió pregunta alguna, estuvo triste, huidizo y dubitativo, tanto como para, en nuevo giro de ciento ochenta grados, ofrecerle el club ahora a Vicente Soriano a quien no hace mucho Soler senior definió como "la auténtica verguenza del Valencia".

Villalonga, a quien no conozco personalmente, puso a los pies de los caballos a Soler, con quien tampoco he tomado un café en mi vida, dejando entrever clarísimamente que el máximo accionista del club pensaba exclusivamente en su seguridad económica y que, con el único objeto de salvaguardarla, estaba dispuesto incluso a amputarle los brazos (Villa, Silva o Joaquín, definidos por el ex presidente de Telefónica como "jugadores franquicia") al "enfermo", que no es otro que el Valencia. La Cadena Cope ya adelantó hace una semana los problemas existentes entre Villalonga, a quien Soler entregó la gestión del club, y el máximo accionista. Al final del día, Soler sólo acertó a balbucear que Villalonga no se había ido sino que él lo había "tirado", pero lo cierto es que si éste, tal y como aseguró que haría, se presenta en el plazo de quince días con los 76,7 millones de euros prometidos tras convencer a "familiares y amigos" de que resulta un buen negocio invertir esa astronómica cantidad de dinero en un club estrangulado económicamente, y Soler se niega a aceptarlos, veo otra vez a los aficionados valencianistas prendiendo teas para ir a su castillo.

Con todo, la frase más demoledora de Villalonga llegó cuando se refirió a ese dinero que, aunque sin papeles firmados por medio, Soler se había comprometido a aceptar como pago por el 36% de las acciones en su poder: "con eso se soluciona el problema de Soler, no el del Valencia". Ya digo que, de tanto escuchar a Villalonga hablar de enfermos, medicinas, hospitales y amputaciones varias, acabé pensando que aquello, más que la rueda de prensa de un empresario que tenía un proyecto ilusionante para uno de los clubes más importantes de la Liga española, era el resúmen condensado en una hora de las cuatro temporadas de House. No sé si la "medicina Villalonga" daría resultado, lo que sí sé es que, después de varios años de turbulencias y una temporada, la pasada, en la que a puntito estuvo de quedarse embarazado el entrenador, Juan Soler y todo aquello que le rodea suena a hueco y huele a viejo. Por su bien, que no por el del Valencia, espero que Villalonga no llegue dentro de dos semanas con los 77 millones de euros prometidos porque así no tendría siquiera la opción de rechazarlos. Y por su bien, y por encima de todo por el bien del club, espero que si Villalonga consigue reunir esa millonada, Soler coja el dinero y salga pitando de ahí cuanto antes porque él podrá querer mucho al Valencia, nadie lo duda, pero está claro que hay amores que acaban matando.
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