El penúltimo raulista vivo

Me pongo en los cuatro "peores"

En una de estas tertulias de resumen del año que, con motivo de estas fechas navideñas, solemos grabar para El Tirachinas, uno de mis compañeros, Miguel Ángel Muñoz, le dijo a otro, José Miguélez, que todo el mundo sabía cuáles eran los verdaderos motivos de que Raúl González Blanco no hubiera regresado a la selección nacional. Yo no, yo no lo sé. Y creo que fue precisamente Miguélez quien empleó el adjetivo "nocivo" para definir el efecto que, si yo no lo entendí del todo mal, Aragonés pensaba que podría provocar ahora la presencia del capitán del Real Madrid en el equipo nacional. El tema de Raúl, como habrán comprendido rápidamente los fieles de este blog, lo introduje yo. Y la explicación oficiosa que Muñoz le dio a Miguélez no hizo otra cosa que empeorar un poquito más la penosa opinión que ya tengo acerca de la figura de Luis Aragonés como seleccionador nacional de fútbol.

Yo creo que Luis está tirando piedras contra nuestro tejado, que no es sólo el suyo, prescindiendo de Raúl. Le dejó fuera de la lista en el momento procesal más inoportuno, cuando Raúl estaba remontando el vuelo; y lo hizo, además, culpabilizándole a él de sus propios errores y de los de su jefe, Ángel Villar. Pero esa es, al fin y al cabo, su potestad, y la federación le paga para eso, para que tome decisiones. Mucho peor sería que Luis hubiera tenido problemas de convivencia con Raúl en Alemania y la decisión de apartarle de la selección fuera producto de una táctica preconcebida hace tiempo. Peor incluso que eso sería que Luis, habiendo dejado fuera a Raúl por el efecto negativo que, según su opinión, podría producir en sus compañeros, se lo hubiera callado, disfrazando a continuación su decisión como estrictamente deportiva.

Todavía peor que eso sería que, incapaz por cobardía de decirnos a todos claramente por qué no lleva a Raúl, Luis hubiera ido por ahí picoteando entre sus amistades, utilizando a algunos periodistas como correos de un zar demasiado lebrón y excesivamente cagón para dar él mismo la cara. Y, ¿saben cuál sería el colmo de los colmos? El colmo de los colmos de Luis sería que, después de todo eso, siguiera asegurando que Raúl puede volver a jugar en cualquier momento con España y consintiera, impávido, la publicación por mediación de pasquines de esa leyenda negra que apunta directamente al "7" como cabecilla de una suerte de motín de la Bounty. Pues yo, qué quieren que les diga, me voy poniendo por si acaso en los cuatro peores, que luego no hay sitio.

Luis dijo el otro día, en el transcurso de la entrega a la selección del premio al graciosete de 2006, que tenía a Raúl en sus oraciones. No me cabe la menor duda de que Raúl, aunque no lo cuente públicamente, también se acuerda mucho de Luis. Y si el madridista toma habitualmente salvado de trigo, lo hará todos los días y a la misma hora, como un reloj. Hoy, ante un grupo de indefensos niños, Aragonés ha insistido en que Raúl puede volver, pero que ya no depende de él: "El seleccionador lo único que hace es ir a los campos con su equipo de trabajo y ver quién anda bien". Fueron felices y comieron perdices.

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