El penúltimo raulista vivo

Mi admirado Diego Costa

A mí me encanta Diego Costa. Lo digo en serio, me encanta. Me encanta la idea guerrillera que tiene del fútbol. Es un incordio para los defensas y se ha convertido en el eje del Atleti de Simeone. Al Cholo también le encanta Costa y eso es así porque los Diegos, el que juega y el que entrena, interpretan este espectáculo de un modo muy similar. El éxito de Costa en el Atlético de Madrid le ha llevado a tener que elegir entre España, su país de adopción, y Brasil, su país de nacimiento, y Diego se ha quedado con España pese a que todos sabemos perfectamente lo que la selección nacional de fútbol representa para un brasileño. Se está siendo muy injusto con Costa a quien yo considero compatriota a todos los efectos, los legales y los otros.

Girando alrededor de Diego Costa, convirtiéndole en el claro protagonista, fabricando jugada a jugada y en un lentísimo y a veces inapreciable goteo el desquiciamiento del rival y no haciendo prisioneros es como el Atlético de Madrid acabó con la racha triunfal madridista y el equipo rojiblanco le dio sopa con hondas al Real en la final de la Copa, primero, y en el partido de Liga del estadio Santiago Bernabéu después. De no ser por la segunda derrota, la de la Liga, el Madrid sería hoy líder de Primera División. Pero, tal y como yo lo veo, lo que hicieron anoche Arbeloa, Ramos y, sobre todo, Pepe fue limitarse a "leer" el partido con las mismas gafas de Diego da Silva Costa. Si el Real Madrid está con pie y medio en la final de la Copa del Rey es precisamente porque ganó en "intensidad" (que es el eufemismo que suele utilizarse para no hablar de agresividad, juego brusco y en ocasiones violento) al Atlético de Madrid... de mi admirado Costa.

Costa estuvo en casi todas. Y Pepe y Arbeloa también. Probablemente el partido debió acabar con cinco jugadores expulsados (Arbeloa, Pepe, Costa, Diego e Insúa) pero Clos Gómez, proclive a expulsar en toda una final copera a Cristiano y Mourinho por una "frivolité", simplemente decidió inhibirse. Clos se inhibió y todos empezaron a rascar como si no costara, que es lo que por ejemplo hizo sólo el Atlético en la final de la Copa del Rey. De aquella final han sacado sus lecciones los jugadores del Madrid que anoche tuvieron claro desde el primer minuto de juego a qué y cómo debe enfrentarse uno a este Atlético de Madrid si se quiere salir victorioso. Si uno juega al límite pueden suceder estas cosas. Pero, repito una vez más, a mí me encanta Diego Costa.

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