El penúltimo raulista vivo

Me cuentan que Gallardón ya acordona La Cibeles

Al Sevilla, que ya ni siquiera pega los palos que pegaba antes con Joaquín Caparrós, no le ha quedado más remedio que colocarse en la primera posición de la clasificación general de Primera División. Ha tenido que hacerlo tras la exasperante molicie mostrada por equipos teóricamente mas grandes que él –Barcelona, Valencia y Real Madrid–, empeñados en jugar con fuego una y otra vez. Juande Ramos, que relevó en el banquillo a Caparrós cuando éste parecía poco menos que insustituible, dijo en el transcurso de la celebración de la Copa de la UEFA que aquel no sería el último título que festejarían juntos. No erró. Después vino la Supercopa de Europa, aunque está claro que el premio gordo sigue siendo la Liga. No sé si a Juande le habrá hecho demasiada gracia ponerse el maillot amarillo cuando aún no ha llegado la alta montaña, pero el Sevilla de hoy, como le sucediera antes al Deportivo de La Coruña, no puede seguir jugando por más tiempo a los agentes dobles. Es lo que tiene, por ejemplo, el hecho de aparecer como el líder mundial de los clubes en la clasificación de la Federación de Historia y Estadística del Fútbol. Los andaluces han quedado al descubierto.

Rafa Martín Vázquez dijo algo el otro día en El Tirachinas que me llamó mucho la atención, más aún viniendo de él, un futbolista exquisito: "en muchas ocasiones no gana el equipo que juega mejor al fútbol". Yo no lo creo, y así se lo hice saber inmediatamente. No creo que haya muchas veces que no gane el equipo que juegue mejor al fútbol; si acaso habrá algunas veces, muy pocas en realidad, en las que eso suceda así. Sigo pensando que la línea más recta entre un equipo y la victoria sigue siendo el buen fútbol. Ahí están los casos del Zaragoza y del Getafe, entrenados, por cierto, por dos técnicos como Víctor Fernández y Bernd Schuster que llevan esa idea hasta sus últimas consecuencias. No sé cuánto durará su sueño, ojalá sea mucho tiempo, pero ambos están tomando posiciones en una Liga que sigue teniendo un claro favorito, el Barça, pero que aún no tiene dueño declarado.

Sobre el Real Madrid no tengo mucho más que decir, y no es porque me haya quedado sin palabras sino porque llego sin resuello a las cuestas. Será la edad. O serán los kilos. El caso es que Fabio Capello está muy satisfecho con el fútbol que practica su equipo; Ronaldo vuelve a ser el "fenómeno", la "bestia" y el "marciano", los tres juntos; Emerson, a quien Tomás Cuesta compara con uno de los Soprano, está que se sale, lo mismo que Diarra; Cannavaro es un auténtico muro, Reyes es un ciclón, Van Nistelrooy es un campeón, Cassano está a puntito de pedir perdón y Gallardón, Alberto, ya acordona La Cibeles. ¿Qué más se puede pedir si, además de todo lo anteriormente expuesto, Fabio acabó jugando el otro día con cuatro delanteros a la vez? Lo peor es que, para cuando los capelistas regresen de Babia, el Madrid habrá perdido otro año más a tontas y a locas. Por cierto, Tomás, ¿a qué Soprano te recuerda exactamente Emerson? ¿A Junior? ¿A Tony? ¿O acaso estabas pensando en Bobby Bacala?
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