El penúltimo raulista vivo

Mayoría absoluta y respiración asistida

Ya se sabe que, en realidad, son los futbolistas quienes al final acaban poniendo y quitando a los entrenadores. Así ha sido siempre y así seguirá siendo en el futuro. Los directivos viven la vana ilusión de que son ellos quienes ponen la cruz al entrenador, pero cuando éste llega al despacho del presidente para firmar el finiquito suele ser porque previamente la plantilla ya ha tomado la decisión de darle la patada en el culo. En realidad, el directivo no hace otra cosa que recibir al moribundo con el único objeto de darle cristiana y rápida sepultura en un acto que suele ser bastante íntimo y, dependiendo del poderío del club en cuestión, también millonario.

Nadie habrá oído nunca a un futbolista profesional hablar mal de su entrenador en público salvo que éste haya pasado a mejor vida deportiva o se encuentre a miles de kilómetros; al contrario, todo son parabienes para el "mister", aunque luego la gente encoja la pierna o decida borrarse a última hora del partido. Y es que, se me olvidaba, el futbolista siempre suele tener dispuesta y preparada una coartada perfecta. ¿Cómo se puede demostrar, por ejemplo, que Ronaldinho se dio de baja contra el Sevilla porque le estaban buscando (y encontrando) las cosquillas con las salidas nocturnas?

Ayer, Javier Aguirre llegó gravemente tocado al estadio Vicente Calderón. Un ligero empujoncito, un leve soplidito, una caricia casi y el entrenador habría acabado directamente en la UVI. ¡Si hasta empezó a manejarse con cierta insistencia el nombre del portugués José Mourinho como su sustituto! Puesto que el Atlético le marcó cuatro goles al Racing de Santander y ya que el equipo, según cuentan los cronistas de la Villa y Corte, llegó incluso a protagonizar algunos instantes de buen juego, habrá que deducir que la plantilla votó clarísimamente favor del entrenador. Lo malo del fútbol es que, a diferencia de lo que suele suceder con la política, las mayorías absolutas no te duran cuatro años ni mucho menos. Si no fuera porque soy tan bueno y tan ingenuo, podría pensar incluso que, puestos en la tesitura de tener que elegir entre Aguirre y, por ejemplo, Mourinho, los futbolistas se quedaron con lo malo conocido. Así pues, el entrenador tendría mayoría momentánea, sí, pero con respiración asistida. Y es ciertamente curioso que el aire se lo esté dando a Aguirre el Kuhn Aguero.

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