El penúltimo raulista vivo

Mascletá por una derrota injusta

Aún dura a estas horas en Valencia la mascletá por una derrota del Real Madrid a la que, pese a lo dicho por Ancelotti, siempre caballeroso, colaboró decisivamente con su granito de arena la actuación del colegiado. Si "hubo muchas patadas", tal y como corroboró al final el técnico italiano, no parece demasiado razonable que quienes las pegaron, que fueron casi siempre los mismos, acabaran el partido tan ricamente y se fueran de rositas como si nada. Por si fuera poco Gil Manzano, excesivamente permisivo con quienes decidieron convertir Mestalla en un campo de batalla, no pitó un segundo penalti a favor del equipo blanco cuando el marcador reflejaba un 1-0 a favor del Real Madrid. Si es cierto que en la Liga española han decidido imitar los métodos del San Lorenzo de Almagro convendría que Javier Tebas informara oficialmente a Florentino para que los futbolistas del Madrid acudieran con yelmo al campo.

Mestalla fue una auténtica olla a presión, liberada al final del partido con una celebración digna de una Champions, porque así se preparó la víspera con ese spot tan hortera de "Sí se puede". En Superdeporte, por ejemplo, se señaló claramente a Isco... ¡por una entrada que el futbolista del Real Madrid le hizo al valencianista Negredo en enero de 2012 cuando el primero jugaba en el Málaga y el segundo en el Sevilla!... Pero lo que en realidad no le perdonarán jamás a Isco no es por supuesto aquella solitaria entrada, que debido a su excepcionalidad habrán tenido que rebuscar en el cubo de la basura, sino que al verse el chico relegado en el Valencia prefiriera buscarse la vida en otro club, demostrase en el Málaga que es un crack, diera después el salto al Madrid y más tarde a la selección y que hoy sea querido en España entera y recibido en loor de multitudes en todos los campos... salvo en Mestalla, claro. Lo que no le perdonan a Isco en Valencia es su propia ineptitud por dejarle marchar. Por cierto que, parafraseando a Mourinho, las espinilleras del malagueño ya van necesitando un descanso.

Los festejos en Valencia por una victoria en Liga por la mínima después de cinco años consecutivos perdiendo en casa y que, tras la derrota del Barça en San Sebastián, deja al Real Madrid exactamente igual de líder que al principio de la jornada, nos hablan en realidad de la inabarcable grandeza del Real Madrid. La posterior plantá a las puertas mismas de Mestalla, la locura generalizada, ese modo tan peculiar de celebrar los goles por parte de Nuno, que sin duda habría sido motivo de profundísimo análisis por parte del periodismo deportivo español si su protagonista hubiera sido otro, por ejemplo Mourinho, los castillos de fuegos artificiales, la cabalgata del fuego, la cremá y los espasmos de algunos futbolistas describen mejor que cualquier artículo de opinión lo que representa el Real Madrid en España y en el mundo. El Valencia le robó en el último minuto al Atleti, y eso que en el Calderón ya se frotaban las manos, el título honorífico de pasar a la historia como el equipo que frenó en seco el récord de victorias consecutivas del diez veces campeón de Europa y vigente campeón mundial. Enhorabuena. Felicidades. Pero la próxima vez no hagáis tanto ruido.

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