El penúltimo raulista vivo

Más noticia bomba

Soy un mar de dudas. Por un lado, Ramón Calderón dijo anoche en su adosado radiofónico (o sea, El Larguero) que "el periodista" (aclaro: Roberto Gómez) sabía que se había inventado que fueran a vender seis jugadores en diciembre. A mí, ya lo dejé escrito aquí mismo ayer, me sorprendió mucho la información del diario Marca, pero basta que Calderón, el hombre que iba a traer a Kaká y que definió a Beckham como un "medio actor", diga que algo es mentira, para que yo piense que es verdad. También es cierto que, después de salir con la noticia en portada, R.G. firmó al día siguiente una columna de opinión que yo me atrevería a definir como "inquietante": reafirmaba, como no podía ser menos, lo expuesto sólo veinticuatro horas antes, pero concluía con un "argumento" que me produjo cierta desazón; coma arriba, punto abajo, Roberto explicaba que sólo la aparición de la información por él adelantada podría provocar que Calderón y su junta se echaran para atrás.

¿Cómo comprobar entonces lo acertado o equivocado de la información?... Es absolutamente imposible hacerlo: si en diciembre no salen del equipo Diarra, Drenthe, Soldado, Saviola, Dudek y Baptista, que era lo anunciado, el periodista aducirá en su defensa que fue porque la noticia asustó a Calderón. Roberto Gómez nos pide que tengamos fe en él, y aunque sólo sea por las cosas tan bonitas e inmerecidas que ha dicho de mí y porque soy lector del Marca desde que tenía catorce años, mantendré esa llamita, que agoniza, encendida. Quiero, eso sí, que conste en acta que soy un hombre de una generosidad extraordinaria puesto que, desde hace un año aproximadamente, asisto como privilegiado espectador al frustrante ritual de comprobar cómo todas y cada una de las gravísimas denuncias realizadas en absoluta soledad por José Antonio Abellán cada noche en El Tirachinas caen en saco roto, cuando no son simplemente silenciadas por el resto de medios de comunicación.

Por supuesto que no soy quién para dar consejos a nadie, pero, aunque sólo fuera por el crochet de derecha que le soltó ayer en su adosado de la Ser el señor Calderón, Roberto tendría que revisar algunas comparaciones que hizo en el pasado y que a mí me siguen pareciendo un pelín, sólo un pelín, exageradas. Estoy pensando, por ejemplo, en aquel día en que llegó a comparar a Ramón Calderón con John Fitzgerald Kennedy. No hay más que echarle una ojeada por encima a la biografía que del presidente de los Estados Unidos de América escribió Robert Dallek, para darse perfecta cuenta de que a Calderón le falta todavía un poco para alcanzar ese nivel. Sólo porque llevo grabada en la memoria la frase de Publio Siro cuando afirmaba que quien pierde su fe ya no puede perder más, creeré a Roberto. Porque, adelantándome a los acontecimientos, doy por hecho que en diciembre no saldrán ni seis, ni cinco, ni cuatro, ni tres, ni dos. O a lo mejor sí, quién sabe. 

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