El penúltimo raulista vivo

Manzanas envenenadas

A mí que uno, dos, diez o mil periodistas deportivos digan que Gareth Bale está lesionado, que es el nuevo Woodgate, que vive en una burbuja, que no comprende la profundidad abisal del juego, que es el príncipe de Maine o el rey de Nueva Inglaterra me la trae sinceramente al pairo porque conozco el paño. Bale está llamado a ser el jugador franquicia del Real Madrid, el heredero de Cristiano sobre el campo, si hay justicia en el mundo ganará el Balón de Oro y, objetivamente hablando, nos encontramos ante uno de los cuatro o cinco jugadores con más potencial de toda Europa. Ya ni siquiera me molesta tampoco que un sector del madridismo que acude habitualmente al estadio Santiago Bernabéu esté dispuesto a comprar el primer crecepelo caducado que le ofrezca cualquier desconocido a las puertas del estadio, no, sino que su reacción pueda provocar que un buen jugador y una buena persona se pueda plantear siquiera que a lo mejor no fue tan buena idea como él creía fichar por el equipo de sus sueños.

Con Benzema, el jugador que el sábado pasado salió vitoreado del campo y que hoy mismo ocupa las portadas del As y del Marca, también corrieron a morder la manzana envenenada. Benzema jugaba en el Madrid porque era el ojito derecho de Florentino Pérez, que incluso fue a ficharle en persona, y no porque tuviera una calidad futbolística que saltaba a la vista; Benzema era un tímido, un blando que no tenía los huevos de Camacho... Ojalá se hubiera fichado a David Villa, un valor seguro y además nacional, y no a Benzema, una moneda al aire. Los mismos que el sábado por la noche gritaban "¡Oh là là!" se preguntaban hasta hace bien poco eso de "¿Otra vez titular Benzema?", y todo por supuesto adornado con el absurdo lacito del sempiterno y vacío derecho a exigir amparado bajo el manto protector de que se ha pagado una entrada. Sinceramente no sé por qué Benzema no acabó en el PSG o en el United, no tengo ni idea; la paciencia de un artista tampoco es infinita y el murmullo de un campo de fútbol (y más aún cuando es el propio) cada vez que tocas un balón debe resultar muy incómodo.

Pero nunca ha importado la verdad, ¿no es cierto?... ¿Qué más da la realidad?... La verdad y la realidad es que achacarle a un futbolista como Bale que es un chupón y un egoista tiene tanto que ver con los hechos como que yo soy Peter Parker y estoy a punto de colocarme el traje de Spiderman. Ahí están los números, que no se discuten, de Gareth Bale que pueden acreditar mejor que cualquier mensaje contaminado que no es en modo alguno cierto que el galés sea un jugador individualista y que no piense en el bien general del equipo. En las dos jugadas que se le achacan (la de Cristiano del otro día y la de James ante la Real Sociedad) con el único objetivo de echarle encima al público previamente envenenado por la manzana de la vieja bruja y así demostrar que la operación de su fichaje fue demasiado cara (el auténtico quid de la cuestión, como con Benzema) tanto Cristiano como James habrían actuado exactamente igual que Bale de haber estado en su misma situación, exactamente igual. La última patochada que he leído es que Bale no habla el español. Y venga a morder manzanas envenenadas.

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