El penúltimo raulista vivo

Manos negras y complots

Si Fabio Capello piensa que la mejor forma de defender a su equipo es arremetiendo contra los árbitros cuando estos le perjudican, que lo haga. Ahí está, sin ir más lejos, Quique Sánchez Flores. Dudo mucho que al entrenador del Valencia le quede todavía algún árbitro sano en Primera División, pero Quique, al menos, es coherente porque él nunca ha dicho que no vaya a hablar de los árbitros. Lo de Capello, sin embargo, es una auténtica tomadura de pelo. El sábado, y no es la primera vez que lo hace, dijo que él nunca hablaba de los árbitros y, a renglón seguido, se puso a darle una somanta de palos a Turienzo de las que hacen época. Si Capello es incapaz de ser coherente consigo mismo, dudo mucho que vaya a conseguirlo con veintidós jugadores.

Otro caso distinto es el de Pedja Mijatovic. Él nunca dijo que no hablaría de los árbitros y, por lo tanto, está en su perfecto derecho de hacerlo cuantas veces quiera. Lo que ocurre es que yo veo en las lágrimas de cocodrilo del montenegrino una operación destinada a justificar sus propios errores. Al referirse al primer penalti pitado por Turienzo, Mijatovic dijo que era "de risa". Y es cierto que el penalti no existió, pero, puestos a enjuiciar la labor de los demás, a mí me gustaría saber, por ejemplo, qué piensa Turienzo del traspaso de Ronaldo al Milan, las promesas incumplidas de los fichajes de Kaká, Cesc y Robben, la "operación Rubén de la Red" o el traspaso de Jurado al Atlético de Madrid y de la intromisión del presidente en los casos de los dos canteranos. Estoy de acuerdo con Mijatovic en una cosa, y es que al Madrid le ha costado mucho llegar a la tercera plaza de la Liga. Le ha costado mucho llegar y le costará más aún mantenerla, pero no por un arbitraje de Turienzo sino por su lamentable gestión deportiva y su tremenda inexperiencia.

Antes se quejaban de que al Real Madrid le beneficiaban los árbitros y ahora son los máximos responsables madridistas quienes lloran porque los árbitros les perjudican. Asistimos, impávidos, a la vulgarización del club, fomentada desde dentro por sus propios mandatarios y desde fuera por un sector importante de la prensa deportiva. Según eso, al Real Madrid, que ya lo ha ganado todo y además varias veces, no hay que exigirle más sino menos. Yo no comparto esa idea sino justamente la contraria: al Real Madrid, que ya lo ha ganado todo varias veces, hay que exigirle que vuelva a ganarlo todo varias veces más. Y con estilo, por supuesto. Como decía el Conde de Chesterfield, "el estilo es el ropaje del pensamiento; y un pensamiento bien vestido, como un hombre bien vestido, se presenta mejor". Si hay manos negras y complots, no están fuera sino dentro.

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