El penúltimo raulista vivo

Manita de Luis Enrique a Robert Moreno

En un movimiento estratégico muy inteligente por su parte, Luis Enrique quiso desembarazarse del espinoso asunto del Robert Moreno al principio de la rueda de prensa que sirvió para presentarle otra vez como seleccionador nacional. Lo hizo directo y al grano, saliendo como un Miura al ruedo, como lo hacía Mike Tyson al cuadrilátero, con la intención de acabar por la vía del cloroformo, que diría el gran Jaime Ugarte, un combate que él era consciente de que surgiría de un modo u otro. Como iba a aparecer y como sus respuestas esquivas podrían inducir a pensar que Moreno tenía razón, Luis Enrique se mostró tranquilo y seguro, sin titubeos, sin rodeos y explicando la cronología de los hechos que le llevaron a considerar desleal a su ex ayudante, primero, y a prescindir definitivamente de él más tarde.

A mí me pareció una gran noticia la rehabilitación personal de Luis Enrique después de haber sufrido una tragedia familiar devastadora, y creo que es también positivo que regrese al banquillo porque tiene la experiencia necesaria para hacerlo sin ofrecer dudas. Lo que creí, y aún sigo creyendo, es que la Federación lo gestionó todo otra vez rematadamente mal, en vísperas de un partido oficial de España, y que de nuevo transmitimos al mundo que, al menos en lo tocante a la selección, somos un país de charanga y pandereta. Pero este asalto, y veremos si la pelea completa, lo ganó Luis Enrique, quien, como dije antes, se andó sin rodeos y quiso afrontar el asunto de frente y por derecho. Si yo fuera Luis Rubiales contrataría también al seleccionador nacional como director de comunicación y así me evitaría tantos engorros.

Y ahora la pelota está en el tejado de Moreno que, si no responde y además lo hace con prontitud, quedará como dicen que quedó el torero Cagancho en la plaza de Almagro, o sea muy mal. Porque efectivamente, y si el relato de Luis Enrique se ajusta a la realidad, hay un punto de deslealtad en la actitud de su antecesor en el cargo. A Moreno le pusieron en la boca un caramelo que, en cualquier otra circunstancia, jamás habría probado ni de lejos, y resulta que el sabor a fresa le gustó. Si es cierto que a Robert le dijeron que firmaba su contrato con el asterisco moral de que en cuanto Luis Enrique se sintiese con las fuerzas suficientes para volver y que luego éste se negó a aceptar lo apalabrado, Moreno, si no da señales de vida, pasará a ser el trepa oficial del Reino de España. Y el caso es que, ya sea por unas cosas u otras, Robert ya lleva más de siete horas de retraso en su contestación a Luis Enrique. Si fuera cierto, como se rumorea por ahí, que Moreno firmó una cláusula de confidencialidad, el caso es que el ex seleccionador nacional habría vendido su dignidad por seiscientos mil euros, que es una cantidad de dinero nada despreciable pero que no te jubila. Pero no me lo creo, y no me lo creo porque, aunque haya tenido con él seis mil discrepancias, no veo a Luis Enrique atacando a alguien que sabe que tiene las manos atadas a la espalda: si ha ido a por él, y mirándolo a los ojos, es porque sabe que se puede defender... si así lo quiere.

Insisto en que este partido lo ha ganado por goleada Luis Enrique y que sólo una reacción a la heróica por parte de Robert Moreno puede igualar un marcador que ahora mismo refleja un 5-0 a favor del primero, una manita que le ha pasado Lucho por la cara (de un modo figurado, por supuesto) a su ex ayudante y ex amigo. Si Moreno quiere crecer como entrenador y es verdad eso de que ya tiene algunas ofertas encima de la mesa, lo mejor para él es que cante la Traviata cuanto antes porque es cierto que, de lo contrario, se granjeará fama de persona poco fiable y que te la puede clavar por la espalda en cualquier momento. Luis Enrique le ha dicho eso de "ahí la tienes, juégala". Juégala, Robert, juégala. Juégala como puedas, miente si es menester, embarra el campo, pega un patadón y tentetieso, haz lo que sea para salvar la dignidad que el nuevo seleccionador ha arrastrado por el fango delante de toda España.

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