El penúltimo raulista vivo

Mañana en la batalla no pienses en mí

Sería fantástico poder hablar tranquilamente de fútbol alguno de estos días, de los 71 goles que lleva marcados hasta la fecha el Real Madrid y que suponen un record absoluto a estas alturas de la competición, de la indudable progresión que muestra el equipo de Mourinho con respecto al de la pasada campaña, del nivel de exigencia total al que le somete un Barcelona imperial y letal, seguramente el mejor de la historia azulgrana, de la solvencia con que los merengues resuelven partidos complicados en los que se pierden Ligas como el de ayer mismo en Getafe. Sería fantástico, y lo digo muy en serio, pero lo veo difícil, muy difícil, porque del otro lado, del lado del Club de admiradores de El corazón atormentado de Arthur Rimbaud, se permiten incluso el lujo de relevarse en sus moralinas y en sus moralejas mientras que nosotros (y ahí incluiré, aun sin su permiso, a los Gistau, Navajas, Jabois, Alcaide, Tenorio, Carbajosa...) somos menos y, como le ocurriera a Kirk Douglas en la magnífica Camino de la horca, estamos sometidos a estrecha vigilancia las 24 horas del día y ni el placer de una cabezadita se nos consiente, con la notabilísima diferencia a favor del señor Douglas de que mientras él era perseguido por la bellísima Virgina Mayo a nosotros nos observa el maléfico Carlos Boyero.

Sería fantástico poder dejar de hablar de moral y de ética, no tener que aguantar sermones cada dos por tres, estupidas moralinas que no vienen a cuento, lecciones de baratillo sobre qué es el Real Madrid y quienes están o no están ungidos para poder entrenar o jugar en ese club "porque lo digo yo". Admiro al Javier Marías escritor y considero que es, en el sentido más positivo del término, un cuentista de mucho cuidado. Disfruté con Mañana en la batalla piensa en mí, Corazón tan blancoTodas las almas, e incluso hubo una vez, hace ya mucho tiempo, que soñé que le concedían el premio Nobel de literatura; ahora no, ahora sueño despierto con que se lo entregan a Paul Auster, Martin Amis, Philip Roth, John Irving o Vila-Matas; para David Foster Wallace o Ryszard Kapuscinski, mal que me pese, ya es tarde, y a Tom Wolfe no creo que le tengan demasiado en cuenta. Del Marías articulista, incluso del que escribe sobre fútbol, simplemente paso, y el Marías versión antimourinhista que adoctrina desde el púlpito me da ardor de estómago.

Marías y otros como Marías llevan ajustándole la soga al cuello a Mourinho desde el preciso instante en que anunció que abandonaba el Inter de Milán. Hoy, en su artículo de El País, cita al actual John Carlin, al Carlin que un buen día decidió subirse al tren de la moda, al Carlin tecnócrata que eligió no llevar la contraria; el John Carlin de 2007 era, en mi opinión, mucho más justo y equilibrado, más libre también, y decía y escribía sobre Mourinho cosas radicalmente distintas a las actuales, rogándole incluso que viniera a España y mourinhizara un poquito al Barça; puede que ese fuera precisamente el "error" que cometió el portugués, no fichar por el equipo culé y hacerlo por el Real Madrid, de ahí que le sigan obligando a expiar sus culpas. Marías, Javier, el de Salvajes y Sentimentales, escribe fenomenal pero pontifica fatal y da las peores lecciones de madridismo a las que yo haya podido asistir jamás en mi vida, las que diferencian entre los aficionados buenos y los malos, los que están convocados para la gloria y los que no lo están, los estéticos y los antiéticos; y el agobio de este grupo aumenta paradójicamente, y la soga se ajusta más y más alrededor del cuello de Mou, coincidiendo precisamente con el incremento de los puntos con que el Real Madrid aventaja al equipo de Guardiola en la clasificación general. Y no hay motivo, la verdad. Llegará un día en que Mourinho se vaya y ellos puedan adoctrinar tranquilamente al primer caballero dispuesto a dejarse entrevistar en profundidad por Juan Cruz.

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