El penúltimo raulista vivo

Maldita la gracia

Indignó mucho que, a propósito de una encuesta que situaba al Barça como el club más odiado de España, yo escribiera ayer en Marca que esa animadversión hacia el club catalán podría proceder del hecho de que muchos aficionados españoles, y bastantes culés, interpretaran que el Barça era algo así como el Ministerio de Asuntos Exteriores del golpista huído de la Justicia Puigdemont. Digo que el artículo "indignó mucho"... a quien indignó, claro. E incluso un colega de La Vanguardia (¡de La Vanguardia ni más ni menos!) me puso como ejemplo de mal periodista, cuestión ésta que quizás sea cierta, y añadió: "¿Le reímos la gracia?"... Pero maldita la gracia que tuvo que, a mediados del mes de julio de 2015, los cuatro candidatos a la presidencia del Barça, los cuatro, firmaran un manifiesto denominado Compromís de País, en apoyo, entre otras iniciativas, de las decisiones que tomara el pueblo catalán en su libre ejercicio de autodeterminación; el club se adhirió a la hoja de ruta de las entidades para las elecciones de aquel 27 de septiembre y a la campaña Guanyarem del deporte catalán.

¿Cómo que apoyo a las decisiones que tome el pueblo catalán en su libre ejercicio de autodeterminación?... Artículo 1 de la Constitución: "España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político. La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado". La soberanía nacional reside en el pueblo español, Bartomeu, no en el pueblo catalán; en el pueblo español, Laporta, no en el catalán. El pueblo catalán no puede decidir su autodeterminación puesto que es el pueblo español quien decide qué va a ser España en el futuro. Así que ya podrá imaginarse el colega de La Vanguardia al que le hizo tanta gracia lo que publiqué ayer en el Marca la gracia que me hizo a mí que los cuatro candidatos a la presidencia del Barça se saltaran la Constitución a la comba... y sin esperar al artículo 2, directamente en el 1.

Más recientemente, maldita la gracia que ha tenido el comprobar cómo el club facilitaba la entrada al campo de pancartas alusivas a la mala salud de la democracia española, a la que directamente calificaban de dictadura. En La Vanguardia probablemente no dijeron nada de esto pero a mí, y a un montón de gente más, me hizo mucho daño que un club como el Barça, con el potencial que tiene, utilizara su poder de influencia a nivel mundial para menospreciar y ridiculizar a la nación que alberga la Liga en la que compite, bien es cierto que a la fuerza. Al periodista de La Vanguardia, y ex de Mundo Deportivo, le hizo mucha gracia que yo definiera al Barça como el Ministerio de Asuntos Exteriores del golpismo pero, ¿acaso no lo es? ¿O son los aficionados del Atlético de Madrid, del Valencia, del Sevilla o del Valladolid los que pitan el himno nacional? ¿No son los aficionados del Barça?... Maldita la gracia que nos hace a quienes amamos España ver una y otra vez cómo el Camp Nou sale en los Informativos de medio mundo pidiendo la independencia.

Maldita la gracia que nos hizo comernos con patatas al insufrible de Guardiola para que, a renglón seguido de colgar las botas de la selección, confesase que él era independentista de toda la vida y que si había jugado para España era sólo porque no le quedaba más remedio. Maldita la gracia que nos hizo verlo el otro día visitando a los golpistas en la prisión de Lledoners. Maldita la gracia que nos hace verlo en las ruedas de prensa del City con el lacito amarillo. Maldita la gracia que nos hace escuchar al hipócrita de Xavi hablando de los derechos humanos desde la democrática Qatar, en la que se está forrando. Maldita la gracia que nos hizo que Piqué tuiteara desde dentro de la concentración de la selección contra la policía nacional o que convocara a la gente para que fuera a votar a un acto que él sabía que había sido declarado ilegal por el Tribunal Constitucional. Maldita la gracia que nos hizo leer al ex secretario de Estado para el Deporte, el mismo que acaba de recolocar Roures, elegido recientemente Republicano del año, escribiendo que el Fútbol Club Barcelona era "marca España". Si el Barça es "Marca España", yo soy Elvis.

Ayer, conocedor del enfado que había provocado mi artículo en Marca, un buen amigo y maestro de periodistas me envió por Twitter el enlace de un comentario que, hace algún tiempo, hizo otro periodista, Carlos Carnicero, conocido seguidor culé. Decía así: "He sentido una enorme liberación. Toda la vida del Barça como una esclavitud deportiva. Ahora que apoyan la independencia me borro". El tuit es del 20 de septiembre de 2017 y, coma arriba, punto abajo, viene a decir más o menos lo mismo que dije yo, o sea que puede ser que el Barça caiga mal porque la afición española no se fía de él. Ofrece tanta desconfianza que incluso culés de toda la vida como Carnicero, y supongo que con todo el dolor de su corazón, renegó del equipo de sus amores y lo hizo por un bien superior, un bien que se llama España. Maldita la gracia que les habrá hecho a miles de aficionados culés tener que desprenderse de su equipo porque sus reponsables lo han convertido en una plataforma al servicio del secesionismo, o sea algo muy similar a un Ministerio de Asuntos Exteriores del golpista y huído de la Justicia Carles Puigdemont. Maldita la gracia.

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