El penúltimo raulista vivo

Mal de altura

Aunque los síntomas dependen de las personas, el mal de altura suele aparecer de 12 a 24 horas después de la ascensión a 2.400 metros por encima del nivel del mar. A más de 4.500 metros, más del 70% de la población sufre vértigo, dolor de cabeza, náuseas, problemas para respirar, alteración en el sueño y cianosis, que es la coloración azulada de la piel. En general, el mal de altura es pasajero, aunque, nada más reconocer los primeros síntomas, se debe interrumpir inmediatamente la ascensión y descansar para beber grandes cantidades de agua e ingerir alimentos ricos en hidratos de carbono como fruta, galletas o mermelada. Si al cabo de un tiempo no se mejora, hay que descender.

Y en esas estamos, mirando todos hacia arriba con los ojos como platos para ser los primeros en dar el queo por si Bernd Schuster, irremediablemente azulado y evidentemente asfixiado, con el sueño alterado y una enorme jaqueca, para un rato y come fruta y bebe agua o se baja de la borriquilla. Porque el Real Madrid Club de Fútbol no es una montañilla cualquiera, un risco enano o una excursión de mediados de verano a la Boca del Asno, no; el Real Madrid Club de Fútbol es el K-2 del deporte mundial. No se hace cumbre en Dapsang, Kechu o Ketu enseñando el carné de identidad y gritando a los cuatro vientos que uno se llama Bernardo, se apellida Schuster y dejó tirado al Barça en la final de Sevilla. No es tan fácil. Escaladores con un historial mucho más extenso que el suyo se despeñaron nada más coger la mochilita y el camping gas.

Si Schuster espera pasar por el Madrid como un ángel, puro e intocable, aleteando sus alitas de héroe del Getafe, se equivoca de club, de país, de continente y de siglo. Lo que tiene que hacer Bernardo es cumplir con lo prometido y para lo único que le trajeron aquí: ganar jugando bien, la consabida excelencia. El dijo que podía hacerlo y, por ahora, lo único excelente que hemos visto ha sido su lamentable intervención en un canal privado de Alemania diciendo no sé qué de qué sé yo sobre no se sabe qué. Si Schuster es un entrenador sólo para los 2.000 metros por encima del nivel del mar, que lo diga ahora o que calle para siempre. Porque, insisto otra vez, le han invitado a subir al K-2 y, con el campamento base a 3.000 metros, ya empieza a tener diarrea. Todo sea dicho con el mayor de los respetos, por supuesto.

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