El penúltimo raulista vivo

Madrid sí paga a traidores

Anoche dije en El Tirachinas que Pedja Mijatovic, alias "Mister Tragaderas", era un traidor y un mentiroso. Desde luego que Fabio Capello no está en la lista de mis cincuenta entrenadores preferidos, pero he de admitir que, oyendo hablar al director deportivo del Madrid sobre su relación con el entrenador italiano, me entraron arcadas. El punto final lo puso Toni Grande, segundo de Capello, cuando contó cómo Mijatovic le había engañado al afirmarle que contaban con él, que era un hombre de la casa, para luego dejarle caer al vacío cuando sólo faltaban cuatro días para que empezase el campeonato. En definitiva, un angelito el tal Pedja Mijatovic.

Mijatovic nos dijo ayer que Capello ganó un título y ahí empezaba y acababa todo. Es decir, le trajo, le usó como se usa el papel higiénico y luego le dejó tirado, así de claro y así de sucio. Primera arcada. Luego siguió diciendo que se dio cuenta de que no podía ser el entrenador del Real Madrid del futuro. Segunda arcada. Después afirmó que irse habiendo ganado la Liga sería una decisión estúpida. Tercera arcada. Y, por fin, en referencia a Miguel Ángel Portugal, sentenció lo siguiente: "no habrá problemas para que se dedique a la captación de nuevos talentos". Cuarta arcada e inevitable visita al cuarto de baño.

¿Cuándo se dio cuenta Mijatovic de que Capello no podía ser el entrenador de futuro del Madrid? Porque si llegó a esa conclusión en junio de 2006, cuando le prometió un contrato de tres años a razón de seis millones de euros cada uno, Mijatovic jugó adrede con el patrimonio del club. Si sabía que Capello no era el entrenador de futuro para el club, ¿a santo de qué regalarle entonces nueve millones de euros? "Mister Tragaderas" tiene dos, tres, cuatro o cinco varas de medir, depende de las circunstancias. Por ejemplo, dice que habría sido estúpido irse habiendo ganado la Liga, pero sin embargo no tuvo ningún rubor a la hora de poner de patitas en la calle a un entrenador que acababa de conseguir el campeonato. Era estúpido irse él, no lo era echar a otro.

Mijatovic quería a Capello y Calderón a Schuster. El principal, y único, valedor del italiano fue el director deportivo. Si éste se dio cuenta de que no era el entrenador de futuro, lo más correcto es que hubiera presentado su dimisión puesto que esa decisión le costó al club nueve millones de euros. Capello ganó la Liga. Lo hizo jugando muy mal al fútbol. La decisión de echarle fue correcta y, a continuación, alguien tendría que haber puesto en la calle a Mijatovic. Roma no pagaba a los traidores; al parecer, el Real Madrid sí lo hace.
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