El penúltimo raulista vivo

Lullaby Spring

Tras comprobar cómo el Barcelona, sin hacer demasiado ruido, acababa de fichar a Thierry Henry, uno de los futbolistas más cotizados del mundo, la primera reacción de la bancada madridista ha sido de admiración contenida para, a renglón seguido, pasar a la indignación más latente: "¿Cómo es posible que Tití fiche por el Barça cuando el campeón de Liga es el Madrid?" Si hemos de creer al protagonista de la noticia, lo que inclina finalmente a Henry por el Barcelona y no por cualquier otro equipo del mundo es precisamente el fútbol que practica, así de fácil. Florentino Pérez, que estuvo en el epicentro de las negociaciones con Zinedine Zidane, Ronaldo y Beckham, podría dar testimonio de la irresistible atracción que el estilo de juego ejerce sobre los mejores futbolistas del planeta.
 
En igualdad de condiciones -y seguro que en Europa habría por lo menos otros cuatro o cinco clubes dispuestos a pagar lo mismo que el Barcelona- el delantero francés apuesta por el fútbol. Y escoge al Barça. Elemental. Por lo tanto no debe ser tan complicado eso de distinguir entre lo que significa jugar bien y lo que no. A Henry no le impresiona una Liga más o menos. Mira al vestuario culé y ve a Eto’o, Ronaldinho y Messi, los tres juntos. Y elige el fútbol. En el hipotético caso de que el Madrid se hubiera vuelto a plantear ahora la contratación de Henry -sí lo hizo la temporada pasada- yo, por una vez, no me atrevería a hablar de parálisis merengue puesto que, al final, siempre elige el "crack". Y Henry apostó por el buen gusto futbolístico.
 
La gente hablaba ayer de los veinticuatro millones de euros que el Barcelona deberá abonar al Arsenal. "¡Pufff!" se convirtió en una de las exclamaciones más repetidas a lo largo de la noche. Pero no hay "¡pufff!" que valga. ¿Cuanto vale un futbolista?... Lo que paguen por él. ¿Cuánto vale un cuadro?... Exactamente lo mismo que cuesta un futbolista, lo que quieran pagar por él. Casi al mismo tiempo que Ferrán Soriano cerraba los últimos flecos del fichaje de Henry, una vitrina de acero inoxidable y cristal con 6.136 píldoras de colores titulada Lullaby Spring era subastada en Sotheby’s por 14,3 millones de euros, convirtiendo al británico Damien Hirst en el artista vivo más cotizado del momento. Eso es lo que valen la vitrina y las píldoras, ni más ni menos que lo que pagaron por ellas: 14,3 millones de euros.
 
¿Recuerdan el chiste de los dos bilbaínos? Uno dice: "¿sabes cuánto ha costado el Guggenheim?... ¡Treinta millones de euros!", y el otro contesta: "¡Bah, mientras meta goles!"... Seguro que Thierry Henry brindará noches de goles y fútbol espectacular a los aficionados culés. En silencio, como han de hacerse las cosas, siguiendo exactamente el mismo método aplicado en su día con Deco, Márquez, Belletti, Edmílson o Giuly, el Barça, tras un año de locos, vuelve a mostrar claramente sus cartas con la contratación de Tití. El equipo de Rijkaard no ganó la Liga pero sigue teniendo un plan. Y si Laporta acaba de pagar veinticuatro millones de euros por un futbolista que tiene treinta años, ¿cuánto podría valer Kaká que sólo tiene veinticinco? ¿Ochenta millones?... ¡Mientras meta goles!
A continuación