El penúltimo raulista vivo

Luis Enrique se cisca en el seny

Ayer en El Primer Palo, Rogelio Rengel, el director de la prestigiosa revista Don Balón, dio en el clavo cuando, al referirse a la mascarada de Piqué, Alba, Bartra y Suárez, señaló a Luis Enrique como el gran culpable del circo que organizaron cuatro futbolistas profesionales de la primera plantilla culé irrumpiendo en mitad de la rueda de prensa de otro compañero de profesión, el jugador del Getafe Víctor Rodríguez, a quien por cierto acababan de ganar. Hoy, después de que en el diario As hayan aparecido las fotografías del lamentable estado en el que dejaron el vestuario visitante del Coliseum Alfonso Pérez, Luis Enrique se ha tomado a choteo la historia, volviendo a faltar al respeto a la afición, plantilla y entrenadores del Getafe. El técnico asturiano podría haber pedido perdón, podría haber dicho que lo sucedido el sábado no volvería a ocurrir jamás, pero en su defecto ha optado por aclarar que cuando él era jugador "no había Halloween" sino Carnaval.

Luis Enrique no puede asegurar que lo sucedido el sábado no vaya a volver a ocurrir por la sencilla razón de que él hace tiempo que no manda en el vestuario. Aún recuerdo al primer Luis Enrique, al impetuoso, al arrollador, a aquel Luis Enrique que se atrevía a decir ni más ni menos que el único líder del Barça era él y nada más que él, y estando ahí Leo Messi; hace dos o tres semanas, ausente de los terrenos de juego el argentino y preguntando por el papel que Neymar debía representar dentro de la plantilla, el ex impetuoso y ex arrollador Luis Enrique, el ex líder del Barcelona, tuvo que reconocer que ni él ni Neymar ni nadie, que el que mandaba allí no era otro que Leo Messi. Durante ese trayecto de duro aprendizaje personal y profesional, Luis Enrique no sólo se ha dado cuenta de que es un doble cero a la izquierda sino que se ha convertido en un personaje cómico que repite una sandez tras otra.

Efectivamente, si a alguien hay que señalar con el dedo tras el asalto del sábado es al entrenador. Es Luis Enrique, que no se enteró de nada, quien queda retratado. Luis Enrique no sabía que sus futbolistas viajaban desde Barcelona con máscaras de Halloween en el autobús, no sabía que, acompañándoles, iría el fotógrafo y el jefe de prensa del club, no sabía que cuatro de sus jugadores terminarían invadiendo la rueda de prensa de un profesional del Getafe, no sabía que luego intentarían saltar una valla, ni sabía que, a punto de ser agarrado por un vigilante de seguridad, Piqué tuvo que identificarse para evitar algún que otro porrazo. Luis Enrique, en suma, no sabía nada y, aún hoy, tres días después, sigue sin enterarse. Lo de sus cuatro futbolistas es una auténtica mamarrachada de niños malcriados, lo suyo es más grave puesto que evidencia que hace tiempo que no tiene el control. Hoy, con su actitud, Luis Enrique se ha ciscado en el seny.

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