El penúltimo raulista vivo

Los torneos de verano están para perderlos

No puedo estar más de acuerdo con el entrenador alemán Bernd Schuster (con quien, por cierto, boutades de Dudek al margen, suelo estar siempre bastante de acuerdo); si el Real Madrid se obsesiona con los torneos de verano es que algo no funciona correctamente. Con todos mis respetos y cariño hacia todo el mundo, el Ramón de Carranza está para que lo gane el Cádiz, que es quien lo organiza, o para que brille el Betis, que luego lo tendrá complicado durante el resto del año. El objetivo del entrenador del Real Madrid, que no es desde luego el Ramón de Carranza sino la Liga y la Champions, tiene que consistir en seguir haciendo pruebas para que todo funcione cuando tiene que funcionar. Si me apuran un poco, yo ni siquiera le daría demasiada importancia a la Supercopa de España, pero, puesto que es un torneo de carácter oficial y ya que está por medio el Sevilla, incluiremos lo que suceda el próximo domingo entre lo verdaderamente relevante.

"Lo de ahora tiene una importancia relativa", dice Schuster, y le entiendo perfectamente. Si no dijo "lo del Ramón de Carranza me importa un pimiento morrón" fue única y exclusivamente porque se trata del entrenador del Real Madrid; y del equipo de fútbol más importante del mundo, y por supuesto de quien lo dirige desde el banquillo, siempre se espera lo mejor en cualquier momento y circunstancia. El Madrid tiene que ganarlo todo siempre, y jugar bien al fútbol desde el primer minuto del primer partidillo amistoso. Pero lo que no puede decir Schuster, que es entrenador del Real Madrid, sí lo puedo decir yo, que no lo soy: los torneos de verano están para perderlos, así como suena.

¿De qué estamos hablando en realidad? Aquí en el fondo se libra una batalla personal entre los admiradores del fútbol jurásico empleado por Fabio Capello y aquellos que sostienen que el Madrid tiene que estar dirigido por alguien como Schuster, alguien a quien le guste el fútbol y no considere el balón como un intruso. Mientras su ídolo se pega la vida padre gracias al saco de millones que se llevó del club por dos años no trabajados, los capelistas, que se sienten injustamente tratados, siguen añorando el pasado. No hay problema, hablemos del pasado. Me viene a la cabeza, por ejemplo, el Ramón de Carranza del verano de 2006. El Real Madrid acabó entonces en la última posición, después de haber perdido contra el Villarreal por 1-0; el público despidió con pitos al equipo de Capello, algo que luego se convirtió en una suerte de tradición a lo largo de la temporada.

A pesar de todo, diez meses después, el Real Madrid acabó ganando la Liga. No volveré a recordar cómo la ganó, pero el hecho es que lo hizo. Y eso es lo que no le perdonarán jamás a Bernd Schuster, que por aquel entonces estaba entrenando, muy bien por cierto, al Getafe. El 19 de agosto de 2006 podían leerse crónicas como la siguiente: "no es normal ver al Real Madrid de segundo plato, pero así ha jugado, como un segundón. Hacía once años que el Madrid no acudía a Cádiz a jugar este prestigioso torneo y su regreso no pudo ser peor para la afición cadista". Los torneos de verano están para perderlos.

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