El penúltimo raulista vivo

Los regates, Manuel Pablo, en el campo

Un muerto y una batalla campal más tarde da la impresión de que las autoridades están por fin dispuestas a aplicar la ley... que ya existía. Han sido diez días muy intensos desde el punto de vista publicitario y de marketing, Tebas ha salido hasta en Radio Taxi y el presidente del Consejo Superior de Deportes se ha dejado ver más que nunca. Pero, insisto, sin la firme voluntad política para aplicar una ley que ya existía, que ya estaba ahí esperando a ser utilizada, no habrá absolutamente nada que hacer. De cómo un hecho tan trágico como el crimen acaecido en las inmediaciones del estadio Vicente Calderón haya acabado derivando en un cierto cachondeo popular (fácilmente comprobable en las redes sociales) que incluye incluso listas de insultos "tuneados" al objeto de eludir a la policía secreta del presidente de la LFP deberá dar respuesta algún día el propio Tebas.

Como decía no habrá nada que hacer sin la voluntad política, que al final siempre acaba flojeando, y sin la decisión de los clubes... y también de los jugadores de fútbol. Y con los jugadores me quedo. Las primeras reacciones de algunos jugadores emblemáticos de nuestra Liga han sido francamente decepcionantes. No podemos ser críticos con Enrique Cerezo o Miguel Ángel Gil por ponerse inmediatamente de perfil nada más conocerse la muerte del ultra del Depor y salvar a futbolistas o entrenadores que han hecho exactamente lo mismo... diez días después. Ancelotti o Moyá, por ejemplo, han sido modélicos en este aspecto pero intervenciones como la de Manuel Pablo o Miranda han dejado mucho que desear.

No ayuda, desde luego, que Manuel Pablo afirme que la decisión de clausurar la grada de los Riazor Blues por dos partidos ha sido precipitada. El capitán del Deportivo de La Coruña tiene que ser claro y contundente en sus declaraciones. Y Miranda hace un flaco favor a la erradicación de la violencia en nuestro fútbol divagando sobre el Frente Atlético. Si yo formara parte del gabinete de prensa del Depor o del Atlético de Madrid me preocuparía menos de fiscalizar a los periodistas y más de explicarles a mis jugadores que no está el horno para bollos. Los jugadores y los entrenadores, que son los únicos profesionales de la historia, tendrían que ser los primeros interesados en limpiar el fútbol de indeseables. Los regates, Manuel Pablo, en el campo. Los caños, Miranda, sobre el césped. No se bromea con las cosas de comer.

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