El penúltimo raulista vivo

Los "¿por qué?" de Pellegrini

"Si nos pincháis, ¿no sangramos?... Si nos cosquilleáis, ¿no nos reímos?... Si nos envenenáis, ¿no nos morimos?... Y si nos ultrajáis, ¿no nos vengaremos?" (De El mercader de Venecia de William Shakespeare).

Vaya por delante que tanto el propietario del Málaga como su entrenador, jugadores y aficionados tienen todo el derecho a quejarse por la actuación del árbitro de ayer. De acuerdo que el gol de Eliseu, el que supuso el 1-2 que casi clasificaba para semifinales de Champions al equipo español, se produjo en fuera de juego, pero esa acción (jugada en ataque, el línea corriendo la banda y offside por centímetros)  tiene tanto que ver con el definitivo 3-2 (balón parado, el árbitro encima, el línea perfectamente colocado, el juez de portería vigilante y cuatro futbolistas del Borussia en clarísima posición ilegal) como yo con Brad Pitt. Lo que, por lo demás, se le achaca a Craig Thomson más allá de esas dos jugadas puntuales aunque gravísimas es su caserísima actuación a lo largo de los 90 minutos, siempre dándole al grande y quitándole al pequeño.

Yo le doy toda la razón a Manuel Pellegrini cuando hila las cuitas entre la UEFA y el Málaga y la agorafóbica actuación del árbitro escocés. La concesión del 3-2 y el resto de detalles del partido inducen claramente a pensar que el "comando Platini" decidió entrar en acción cortándole de raíz el suministro al débil con objeto de recordarle quién manda aquí, entendiéndose por "aquí" la máxima competición continental de clubes. Comprendo el enfado del jeque, entiendo la rabia de la afición y apoyo la moción de pedir que se inicie cuanto antes una investigación (aunque ésta sea convenientemente "archivada") de los sucesos acaecidos en Málaga. Pero lo que no acierto a asimilar es cómo es posible que los apóstoles de la ortodoxia, el fair play y las buenas costumbres aseteen por un lado a Mourinho por dudar de la limpieza de la competición y por el otro jaleen a Pellegrini por hacer exactamente lo mismo que el portugués. Prostitución intelectual.

Comprendo el enfado de Joaquín, no así el hecho de que meta al Real Madrid en una ecuación de la que nunca fue miembro activo. Pero, más allá del atraco, lo que viene a corroborar lo acaecido ayer es que cuando se pincha a un caballero chileno como don Manuel Pellegrini, un hombre educado y templado, un tipo elegante y correcto, sale sangre y no horchata de chufa Ché como nos quisieron hacer creer algunos. Don Manuel perdió ayer una ocasión pintiparada para demostrarnos prácticamente a todos la diferencia existente entre un entrenador que se queja cuando se siente perjudicado y otro que no lo hace nunca y bajo ninguna circunstancia. Claro que uno tiene que estar en los zapatos de Mourinho para entenderle y ayer Pellegrini lo hizo de la manera más dramática e injusta posible. Se llama empatía. Supongo que a estas horas ya no quedará nadie en Málaga con ganas de gastar bromitas con los "¿Por qué?" de Mourinho. ¿Por qué?... Por esto.

A continuación