El penúltimo raulista vivo

Los mismos

Dice Manolete, no el torero sino el del As, que Simeone ya ha conseguido el primer título nada más pisar el aeropuerto de Barajas. El Cholo ha prometido lo que todos y cada uno de los entrenadores que en el mundo han sido, trabajo, tranquilidad e ilusión, y al perioatletismo, que también existe aunque a veces se tiña de azul y grana, eso le ha sonado a música celestial. "Con Simeone se van a acabar las bromitas", añade Esteban, como si Gregorio Manzano llevara de parranda desde septiembre o se hubiera dedicado a la dolce far niente, la vida contemplativa, el "dulce no hacer nada". Desde hace veinticinco años llevo escuchando la misma cantinela demagógica con cada cambio de entrenador y el efecto del técnico entrante suele disiparse como cuando descorchas una botella de champagne.

Simeone, que ya quedamos que como jugador no fue precisamente una monja ursulina, debe ser a Gregorio Manzano más o menos lo que Manolete a Bob Woodward; con esto quiero decir que me parece una falta de buen gusto total y absoluta y una puñalada trapera en toda regla dejar entrever que con el técnico saliente el Atleti era un cachondeo y cada cual hacía la guerra por su lado. No conozco un entrenador más honrado y que sepa sacar más rendimiento a sus jugadores que Gregorio Manzano, y si no ha sido capaz de enderezar al Atlético de Madrid en su segunda etapa al frente del equipo es pura y llanamente por falta de calidad. A lo mejor los periodistas quisimos vender una burra que estaba coja.

Como si lo estuviera viendo: en los dos o tres próximos partidos los jugadores darán el do de pecho, se dejarán la piel a tiras muy finas y, si finalmente decide quedarse y el Cholo le alinea, veremos al mejor Reyes de la historia. Pero, transcurrido un mes, los gritos ya no serán suficientes y ahí será cuando realmente veamos qué tiene dentro Diego Simeone. El argentino cuenta con algo de lo que careció absolutamente su antecesor en el cargo y es el almibarado beneplácito del perioatletismo, un respaldo tan dulzón que estraga; el empacho, ya lo he dicho, corre por cuenta de Miguel Ángel Gil, que sueña con que la curda sea de tales proporciones que la afición se olvide de él un ratito y se alcance así de nuevo el mes de mayo, con los mismos en los mismos sitios y los mismos de siempre protestando contra los mismos de toda la vida.

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