El penúltimo raulista vivo

Los dos centímetros de Stark

Admiro a la gente que se puede permitir el lujo de vivir en el País de lo políticamente correcto. Hoy, por ejemplo, haciendo zapping radiofónico, me he cruzado con Carlos-Carles-Carlas Francino, culé reconocido y director del pograma Hoy por hoy. E, ingénuo de mí, oyendo la indignación del radiofonista, la ira del locutor, he pensado para mis adentros: "¡Ya está, ahora es cuando denuncia el escándalo del E.G.M., la empresa de medición de audiencias que, por el arte de birlibirloque, lleva aupando desde tiempos inmemoriales a la Cadena Ser al primer puesto de la radio española sin que sus competidores podamos hacer nada o sepamos por qué sí o por qué no!"... Pero no, la indignación de Carlos-Carles-Carlas no era con el E.G.M. sino, al parecer, con la rueda de prensa de José Mourinho. Respetaría y tendría en cuenta la opinión de Carlos-Carles-Carlas si, antes de echarle los perros al entrenador del Real Madrid desde su programa de radio, hubiera utilizado una vez, sólo una, el micrófono desde el que habla para denunciar el tejemaneje de un sistema de medición de audiencias controlado por PRISA, pero supongo que él defiende a su modo a su empresa, que es la Ser, pasando por alto ese insignificante dato, del mismo modo que Mourinho defiende a su modo a la suya, que es el Real Madrid.

Más allá de lo que guste a unos u otros, que es muy respetable por supuesto, aquí la pregunta es la siguiente: ¿Acertó Stark con la expulsión de Pepe?... Y, salvo que uno esté ciego, salga con Shakira o esté casado con Guardiola, la respuesta es "no". Stark no acertó en modo alguno echando a la calle a Pepe a instancias de su asistente, fue una expulsión injusta y dejó visto para sentencia el partido y marcada inevitablemente la eliminatoria. Pepe, por cierto, estaba en el punto de mira del periodismo deportivo catalán desde su partidazo en la final de Copa; había que buscarle las vueltas como fuera, sobreactuando, realizando todos los aspavientos del mundo, pateando sobre el cesped y acorralando e intimidando al colegiado. Hubo encerrona, sí, pero al Real Madrid, y en su propio estadio además, y ese es un aspecto que Florentino Pérez debería tener en cuenta para el futuro. El club ha perdido poder en las instituciones, carece de la necesaria influencia que sí tiene el Barça y está siendo acogotado en los despachos: en las moquetas también se libran batallas.

Está claro que el plan de Mourinho consistía en no encajar goles en casa y jugárselo todo a una carta en el Nou Camp. Por supuesto que ese plan se vino inmediatamente abajo en cuanto el árbitro volvió a dejar a su equipo con diez. La primera parte fue un calco del partido de Liga: el equipo de Guardiola tenía todo el rato el balón pero no producía ocasiones de gol; el Madrid, agazapado, buscaba las contras con balonazos largos a Cristiano. Conviene recordar que los números (goles a favor, goles en contra, partidos ganados...) de Mourinho en el Real son ciertamente espectaculares y no hablan precisamente de un equipo timorato sino todo lo contrario; no en vano, el Madrid venía de marcarle seis goles al Valencia en Mestalla. Lo que molesta, lo que indigna, lo que enciende es que cambie de táctica cuando se enfrenta al equipo catalán porque, según parece, existe una norma no escrita según la cual cuando uno se enfrenta al Barça hay que jugarle con el estilo que interesa a Guardiola y los suyos y no al revés.

Me parece que Sandro Rosell debería denunciar ya a Mourinho ante la UEFA, la FIFA, la OTAN y la CIA. Yo que él llamaría inmediatamente a los cascos azules de la ONU. Porque uno de los mayores y más trágicos errores compartidos por Luis de Carlos, Ramón Mendoza, Lorenzo Sanz, Florentino Pérez y Ramón Calderón ha sido precisamente el de no acudir a la justicia deportiva (o incluso a la ordinaria llegado el caso) cuando se ha mancillado reiteradamente y durante años la imagen de entrenadores, presidentes, jugadores y afición madridistas al vincular los éxitos deportivos a intrigas políticas o amaños arbitrales. Corra, Rosell, corra, salga usted disparado como una bala hacia el despacho de Michel Platini, y ojalá eso le sirva también a F.P. para darse cuenta de qué estamos hablando exactamente.

No querría pasar por alto las desafortunadísimas declaraciones de mi amigo Vicente del Bosque acerca de las secuelas que podrían dejar estos cuatro Real Madrid-Barcelona. Las cosas claras y el chocolate espeso: si el 2-6 a favor de los culés en el Santiago Bernabéu, por poner un ejemplo, no dejó secuelas y Casillas, Ramos, Arbeloa o Alonso han sido capaces de distinguir entre clubes y equipo nacional, no entiendo por qué de Valdés, Piqué, Villa, Iniesta o Xavi no debiera esperarse idéntico comportamiento. ¿O es que, con objeto de mantener el buen rollito, los internacionales del Real Madrid deberían dejarse pasar por encima?... Espero la misma profesionalidad de Albiol que de Pedro. Ayer, por cierto, ni una referencia por parte de Guardiola a los dos centímetros de Stark, esos que faltaron para que Pepe tocara a Alves. Ya no interesaba. Misión cumplida.

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