El penúltimo raulista vivo

Los domingos a la sombra

Los propietarios del Atlético de Madrid están tratando a Gregorio Manzano como si fuera un perro, pero no como lo haría Brigitte Bardot, que como todo el mundo sabe es una gran amante y defensora de los animales y le pondría al chucho su trajecito para que no pasase frío, sino más bien al estilo del padre de Pacquiao, quien primero mató al perro del pequeño Manny, luego lo echó al caldero y acabó merendándoselo delante de su propio vástago. La pregunta que se hace Goyo en voz alta a propósito de su cese -"¿Es ético que la prensa lo sepa antes que yo?"- es puramente retórica puesto que él conoce mejor que nadie cual es la respuesta: por supuesto que no lo es. Hace un mes que a Manzano le quedaba por dar la información del tiempo de un telediario, y el jiennense ya va por las islas canarias.

Pero no sé de qué se extraña Manzano. A Gregorio empezaron tocándole la moral cuando le obligaron a prescindir de Gonzalo Hurtado, que llevaba un montón de años siendo su segundo entrenador, para acoplar con calzador en el banquillo a Juan Vizcaíno Morcillo, cuya experiencia como técnico se reducía a cero patatero y que siempre ha sido algo así como la momia de Tutankamón versión Pobla de Mafumet. Tragó Manzano con aquello y la cosa ya empezó torcida; luego fue el Atleti al Nou Camp con ínfulas de outsider, Gregorio se hizo la picha un lío, cambió lo que no tenía que cambiar traicionándose a sí mismo y el Barcelona le metió cinco, y desde entonces lleva este nuevo e ilusionante proyecto ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos y sin levantar cabeza.

Todo el mundo sabe que el problema del Atlético de Madrid no está en el banquillo sino en el palco y que no es una cuestión de tal o cual entrenador. Los lunes al sol no constituirían mayor problema si no fuera porque hay muchos martes, miércoles, jueves, viernes, sábados y, sobre todo, demasiados domingos que el club pasa a la sombra. Ahora se traerán a Diego Simeone, que cuenta con el beneplácito generalizado de la afición y que tiene el O.K. de un sector influyente del periodismo deportivo. El Cholo será, si las cuentas no me fallan, el cambio número 50 en el banquillo desde que el fallecido Jesús Gil y Gil accediera a la presidencia del club rojiblanco. No eligen a Simeone por su sapiencia, que seguro que será abundante, sino porque constituye un pararrayos ideal para salvaguardar otro poquito más a los auténticos culpables del hundimiento, la depresión, el aburrimiento y la sinrazón que invade a una entidad histórica a la que se está impidiendo remontar el vuelo desde dentro.

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