El penúltimo raulista vivo

Los cordones de la botella

Mike Tyson dijo una vez que uno siempre tiene un plan hasta que le pegan el primer golpe. No sé por qué se habla de los "juguetes rotos" del boxeo, poniendo al "terror del Garden" como ejemplo clásico de lo nocivo que resulta ponerse unos guantes y subir al ring, mientras que otros se marchan de rositas. Por supuesto que no tiene nada que ver con el boxeo, el baloncesto, la natación o el curling sino con uno mismo y con lo cómodo o incómodo que te encuentres dentro del traje que te ha tocado pasear por la vida. A Tyson siempre se le vio venir. Como también se vio venir de lejos a George Best, cuya vida, por cierto, acaba de ser llevada al teatro por el coreógrafo escocés Andy Hewitt; no quiero ni imaginarme lo que habría dicho el quinto Beatle a propósito de Best: el ballet. Seguro que la banda sonora sí le gustaría: Bob Dylan, Undertones y Small Faces. Y las camisetas del Manchester United repartidas por el vestuario. Eso le habría encantado.

Probablemente Paul Gascoigne también tuviera un plan hasta que le pegaron el primer golpe. A "Gazza" siempre le compararon con Best; Stan Seymour, por ejemplo, dijo de él que era "George Best sin cerebro" mientras que Brian Laudrup afirmó lo siguiente: "es un jugador fantástico... cuando no está borracho". Lo cierto es que yo no estoy en condiciones de asegurar si cuando comparaban a ambos jugadores lo hacían por su técnica dentro del terreno de juego o por su capacidad a la hora de ingerir cualquier clase de alcohol. A Best, que era un tipo realmente ingenioso, le preguntaron una vez por la comparación con Gascoigne, que ya empezaba a despuntar entonces, y éste contestó sin inmutarse: "Paul no me llega a los cordones de la botella". Viéndoles jugar a ambos, uno juraría que tampoco consiguió llegarle a los otros cordones.

A nadie extrañará pues que Paul Gascoigne esté como está ahora. Su amigo Jimmy "cinco panzas" Gardner dice que Paul no escucha a nadie y terminará haciendo lo que quiera. Según parece, lo que quería hace sólo unos meses era coger la misma salida que Ben Sanderson en la película de Mike Figgis; sustituyó Las Vegas por El Algarve (ahí sí que le alabo el gusto) y pidió que le dejaran morir en paz. Lo que mucha gente a lo mejor no sabe es que Paul Gascoigne tuvo una posibilidad de recalar en el Real Madrid de la mano de Alfonso Ussía cuando éste fue candidato a la presidencia del club; uno de sus directivos llegó a viajar a Inglaterra para sondear a la gran estrella del fútbol inglés. Porque, por mucho que ahora le veamos en esas deplorables condiciones, no conviene olvidar que Gascoigne jugó al fútbol como los ángeles y que hubo incluso un tiempo en que llegó a comparársele con el gran George Best. Luego el plan debió venirse abajo tras el primer golpe.
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