El penúltimo raulista vivo

Los cables de la operación Neymar

Los madridistas que no querían a Neymar, que son por cierto la inmensa mayoría, están de enhorabuena porque da toda la impresión de que el jugador tampoco quiere venir al Real Madrid: todos contentos. Los pasos hacia adelante que se le reclamaban desde el club blanco para poder recalar en el estadio Santiago Bernabéu los ha dado, sí, pero justo en la dirección contraria, o sea en la del Camp Nou, y el caso es que desde fuera da la impresión de que una operación que parecía complejísima, de ingeniería financiera, una operación muy sesuda porque había que conectar varios cables, el cable rojo del jeque, el cable amarillo del sueldo del delantero, el cable verde del consentimiento del resto de futbolistas y el cable azul de la opinión de la afición, se ha convertido de repente en una suma matemática para niños. El cable rojo del jeque ya no es un problema porque ya no es tan malote y de los 300 bajó a los 222 y de los 222 a los 120 y dos jugadores: ¡y eso que no se le podía ni mirar a la cara!...

El cable amarillo del sueldo del jugador tampoco importa porque Neymar estaría dispuesto a rebajarse el sueldo en quince millones de euros anuales, y eso que se fue por dinero; del cable verde del consentimiento del vestuario, a diferencia del Madrid, ni se ha hablado porque Messi quiere a Neymar y sanseacabó; y por encima del cable azul de la opinión de los aficionados ha pasado el Barcelona como si nada, y yo creo que hace bien porque un club de fútbol de la entidad del azulgrana no puede dejarse guiar por la opinión de nadie, ni siquiera la de sus socios. Así que, conectados correctamente todos y cada uno de los cables e insisto que visto siempre desde fuera, diera la impresión de que lo que convertía en complejísima la operación de la marcha de Neymar no eran tanto el jeque, el jugador, el padre del jugador, el resto de jugadores, la afición o el enrevesado entramado financiero sino el destino elegido por todos y cada uno de ellos; o lo que viene a ser lo mismo: como la primera vez, Neymar quiere jugar en el Barcelona y no en el Real Madrid y ahora, de nuevo, lo quiere hacer al lado de su amigo Messi, ya no le incomoda tanto su alargada sombra a la que vendría a cobijarse con las orejas gachas.

Hay otro cable: el cable negro de las tragaderas, que al ser tan amplias tampoco parece que haya que conectar. Las tragaderas que tiene el Barcelona como club al ir a buscar de nuevo a un futbolista que se fue como se fue, inopinadamente y de la noche a la mañana y por un puñado de dólares; las tragaderas que tiene al interesarse en un jugador cuyo padre tiene aún denunciado al Barcelona; y también las tragaderas del propio delantero, de la estrella, que diera la sensación de que tuviera doble personalidad: la del gambeteador provocador dentro del campo, la del niño fiestero que no hace otra cosa que colgar vídeos cantando, y la cobardica, la del deportista apocado y más bien conservador que, en vez de apostarlo todo a una aventura nueva como hicieron en su día Figo o Ronaldo, prefiere regresar para cobijarse a la sombra de Messi, reconociendo así definitivamente su superioridad.

Y, por último, nos encontramos con otro cable del que desconocemos su color y es el de la mala salud de hierro de la economía barcelonista, la que les permite a los culés ir a por Neymar con una mano mientras se cierra la contratación de Griezmann con la otra, se le dan 70 millones a un chaval de 21 años con el pie derecho y con el izquierdo se tienta a un NBA, a Mirotic, ex del Madrid para más inri. Lo que para los demás es un campo de minas, y ahí incluyo al club que más dinero gana y que tiene más valor de mercado, o sea el Real, para el Barcelona es un sendero despejado. Si en el Camp Nou consiguen juntar a Messi, Griezmann, Neymar y Suárez habrá que quitarse el sombrero porque será indudablemente la edición 2.0 del Real Madrid de los galácticos. Que eso funcione luego será otro cantar y habrá que conectar algunos cables más para despejar esa incógnita pero mientras que el Real Madrid sufre para traer a Hazard y lo de Pogba se le hace bola, José María Bartomeu parece el TEDAX más experimentado del planeta y recuerda mucho al antiguo Florentino.

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